Una vez fui a una fiesta de vampiros, en un castillo de sólida roca y a la luz de la luna. Bailando un tango y después danzón, me tome dos copas de rojo elixir de muy dulce sabor.
¿Cómo es que entre?... Yo era el invitado de honor, y no es para menos, pintor de profesión. Mi arte los atrapa, mi arte los cautiva, impresiona y motiva.
De pronto llegó el anfitrión, distinguido caballero de clase y honor, vampiro por afición.
-Brindemos por sus pinturas, por nuestro invitado de honor. -Alzo su copa con néctar carmín.
¡Aplausos!
Música clásica de fondo
Un trago...
Dos tragos...
Tres tragos...
-Bailemos en la noche a la luz de la luna. –Termino con una reverencia.
Una Pieza...
Dos Piezas...
Tres Piezas...
Bailando bajo las estrellas me pongo a reflexionar.
¡Ah! Las cenas con vampiros son divertidas.
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