Me había olvidado del eterno rodar de la vida, ese que no parece importarle berrinches y halagos para seguir con su plan. Recordaba equivoco que la única forma de llegar a la calle del olvido era cruzando de la mano de otro amor, y las manos estas aprietan a veces muy fuerte y en otras ocasiones les fastidia el roce; por lo mismo conviene cruzar solos. No es prudente estancarse en el eterno suspirar, pero enriquece saber que en ocasiones la chispa no recibe mas oxigeno y perece, mermando así el encandilamiento y revelando el porque de las contrariedades. La energía que el amor tiende a usar cuando esta va de una sola vía, pierde su vínculo a la reserva pues el tiempo lo corrompe ayudado por la humedad de las lágrimas. Se devuelven así las riendas de mi vida para hacer de ellas según mi brío lo disponga, y es en este rebotar cuando mas alto vuelo. Al tiempo, buen amigo, no se le escapa ni una… |