Los planos que mi cliente me proporcionó casaban a la perfección con aquellas ruinas hasta que bajo la escalera del sótano descubrimos algo que parecía ser un pasadizo. Mi equipo trabajaba en la reconstrucción de un edificio con más de cien años de antigüedad. En su día fue un convento, luego un albergue juvenil y finalmente un restaurante, que cerró hace años tras una fuerte crisis económica que desembocó en la quiebra total. Ahora D. Ramón, médico de estimada reputación la compraba para habitarla. A este hombre alto y delgado, moreno y de cabellos canos, le habían trasladado de centro de salud y también de provincia.
- D.Ramón, soy Silvia. Disculpe que le llame tan temprano pero hay un problema.
- Buenos días Silvia, no se preocupe. Dígame de qué se trata.
-Verá, cuando empezamos las mediciones del sótano nos hemos dado cuenta de que hay una estructura, una especia de escondite, que no está en los planos.
- No creo que eso sea un problema, la propiedad sabe que es muy antigua, seguro que ha tenido modificaciones que no han sabido registrar correctamente.
- No Ramón y por eso le llamo. Lo primero que hice fue solicitar una copia simple al registro y si que aparece inscrito.
- Bueno, voy de inmediato y tratamos el tema en persona ¿le parece?
- De acuerdo, aquí le esperamos.
Ya teníamos preparadas las linternas y un pequeño quinqué encendido cuando él llegó.
- Buenos días de nuevo, tome una linterna, aquí abajo no hay toma eléctrica.
A medida que descendíamos visualizamos unas estanterías llenas de libros, abajo del todo:
- No son ediciones de libros. Son registros con anotaciones manuales - dijo Ramón-
- Mire - interrumpí- están clasificados por fechas y sexo.
- Lo de la fecha tiene lógica pero a lo otro no le veo el sentido.
- Todos son menores, no hay adultos. ¿Ve esta última columna?- dije señalando con mi dedo- corresponde a las edades. Ninguna sobrepasa los seis años.
Ramón se dirigió al archivo más antiguo y abrió la primera hoja.
- Noviembre de 1.868 – dijo-
- Parecen registros de adopciones ¿no le parece a usted?- pregunté-
- ¿Esto en su día fue un hospicio?
- Que yo sepa no y he vivido aquí toda la vida. Además en el registro aparecen cuatro propietarios antes que usted, incluyendo al restaurante que quebró.
- Pues yo diría que son registros de niños huérfanos o abandonados por sus familias y que aquí se tramitaron sus adopciones.
- ¿Se da cuenta de lo que dice?
- Si. Tal vez muchos de estos niños sean los antepasados de habitantes de este pueblo y desconocen sus verdaderos orígenes.
El olor a humedad era intenso y hacía mucho frío ahí abajo, por lo que decidimos subir de nuevo para ojear los libros. Al recopilar unos cuantos tropecé con una antigua cinta de proyección. En la planta alta había visto un proyector antiguo, así que también la subí.
Después de un rato analizando las anotaciones pusimos la cinta. La película era en blanco y negro, muy antigua. Tan sólo podíamos verla porque no existía el sonido en las filmaciones de entonces. No tardamos en descubrir que el escenario era aquella casa, el mismo patio, las mismas ventanas altas y blancas. Siempre aparecía una señora joven y de pelo rizado, cuidando de unos niños. Habían imágenes donde vestía a algunos, les preparaba la comida, el baño y hasta los arropaba en la cama. Su trato parecía tan amoroso que si no fuera por la cantidad de niños que había y su joven aspecto, hubiéramos pensado que eran sus hijos. Algunos eran recién nacidos y otros apenas gateaban. De vez en cuando parecía ser ella quien filmaba y entonces aparecían los mismos niños pero con un joven que también los cuidaba y en unos pupitres les enseñaba a escribir y leer. En medio de las filmaciones aparecían muchos coches que llegaban al lugar, una pareja se bajaba y al subir llevaban un niño en brazos y una sonrisa en la cara.
- ¿Se da cuenta que desaparecen los niños de antes y aparecen niños nuevos?- preguntó Ramón.
- Esto es increíble- musité- la historia se repite una y otra vez.
- Si, y puede ser una historia no escrita aún.
Aquella proyección era larga, muy larga, miles de niños pasaron por allí comenzando su historia, en el mismo escenario en que otras tantas encontraron sus sueños e iniciaron nuevas vidas.
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