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Inicio / Cuenteros Locales / fabiangs / El día que no cantó el coro.

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En el interior de la pequeña capilla junto a la parroquia, se instalaba el coro de la iglesia. Allí, cada domingo muy puntual a las siete de la mañana, ensayaban los coristas que entonaban melodías y estas resonaban en los magníficos espacios con el sonido de la música del órgano que luego acompañaba la misa.

Un día, la sobrina del cura, encargada de tocar el órgano y a quien todos en el pueblo conocían con el nombre de La Santita, por primera vez se le había hecho tarde por buscar la llave del baúl donde estaban los instrumentos.

Y como la casualidad es, tal vez, el seudónimo que Dios utiliza cuando no quiere firmar sus obras, ese mismo día, el barítono se despertó tarde, de un brinco saltó de la cama y corrió al baño a ducharse y afeitarse. Luego de vestirse bajó a la cocina a prepararse el mismo desayuno de todos los días, tomó su sombrero y salió corriendo.

El tenor quien era el herrero y Bautista, el vendedor de fruta, quien era el bajo, se dirigían en bicicleta, pero tuvieron que esperar a que las lentas vacas de la gorda Panchita dieran paso en el camino.

Rosa Gastón, una de las siete hermanas con nombres de flor y quien era el soprano, se dio cuenta que el reloj de su casa se había atrasado, y como refranes y sustos hay para todos los gustos, con la velocidad de una locomotora, se echó a correr.

Inés, la contralto, llevaba puesto un vestido floreado y un sombrero con un velo para salir. Purísima Concepción desde la puerta de su casa, la llamó a grito entero para que contestara el teléfono, (el único del pueblo). Purísima Concepción, sabía que Inés se pegaría al aparato y malhumorada la invitó a seguir.

Una luz rápida y brillante que atravesaba el cielo, dejó un rastro tras de sí similar al de un tren, de pronto, una extraña explosión sacudió la tranquilidad de los pobladores de El Encanto. El estruendo, había generado un leve temblor de tierra en la población. Cuando los coristas llegaron al tiempo pero al destiempo, observaron que la pequeña capilla de madera donde cada domingo asistían puntualmente al ensayo, estaba destruida.

Aunque los milagros son hechos no explicables por las leyes naturales estos siempre serán el lenguaje de Dios y el destino siempre será insondable. Ahora, para los pobladores habría que volver a empezar a construir una nueva capilla, pero el arte de volver a comenzar, es también poder armar una buena historia.

Texto agregado el 28-12-2006, y leído por 90 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2009-07-07 19:05:20 Che, muy bueno lo de "la casualidad es el seudónimo que Dios utiliza cuando no quiere firmar sus obras" Mis felicitaciones el-p arricida-huerfano
2008-06-25 17:27:08 Maravilloso cuento con tu original y personalísimo estilo que cautiva y deleita. Te dejo un afectuoso abrazo y mil estrellas (ningún meteoro) aprendi zdecuentero
2007-02-16 23:27:56 Esa maldita costumbre que tienes en no poner (continua) jajajajaaaaaaa Y yo que soy burrita tengo que leer 2 veces mis***** y besitoss. Me gusto!! el coro no canto!! NIL... nilda
2007-02-14 15:19:28 Has hilado una saga de cuentos entroncados por el meteorito infernal. Saludos!!***** josef
2007-02-13 10:37:25 y sigo retomando el hilo de la historia, Encuentro aquí personajes que ya había leído en tus cuentos. Buenas descripciones y buena narración. Besos y estrellas. Magda gmmagdalena
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