Ya con el atardecer sobre los hombros, Tocho se prepara para su larga caminata.
Espejo de verdes aguas, las zanjas del camino reflejan la monótona vida que a Tocho acompaña. Se detiene jadeante, y con sus razgados dedos escabulle en el bolsillo de su camisa. Un tosco cigarro de "chala" parece asomarse.
Lo prende, y lentamente reincorpora el andar. Hoy fue un largo día.
Tocho con su bigote espeso, su mirada lánguida, y su baja estatura; aparenta más que sus 78 años. Hijo de una dura vida; aprendió el oficio del mandadero desde pequeño, y así vivió.
"Tocho, cortame el pasto","Tocho...tirame la basura", "Eh Tocho!, vení pue' y fijate si podes vo' sacar este tronco", y demás ordenes por el estilo fue acumulando Tocho. Como soldado que juntó años en el cuartel sin ninguna guerra. Tocho espera que alguien le haga una venia de despedida.
Y ahí va, por ese camino de tierra del paraje Rincón, con un andar de pandorga. Rumbo a la nada.
Y Tocho empuja la carretilla. Un viejo perro que aparenta más edad que la verdadera, lo sigue con parsimonia por el sendero.
Tocho sigue fumando y frena nuevamente a mitad del camino que lleva al Paraná, mete la piernita desnuda de la niña dentro de su vehiculo, y sigue camino.
¡Ohhhh Tocho viejo noma'...si no te hubieras olvidado de levantar el brazito derecho, hoy estaríamos tomando mate bajo este mango ndezu cajeta!
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