Las tardecitas de Buenos Aires tienen
ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu
casa, por Arenales........
Cuando de repente, al cruzar Callao, la cartelera del cine de la esquina ofrece... en grandes letras de neón, una película que habla sobre la sombra del amor.
Lo lees y pensás.......!Que lindo sería antes de morir poder vivir un gran amor!!.
En ese instante, el semáforo de la esquina cambia a rojo, los autos se detienen, y un hombre.....
mezcla rara de penultimo linyera...y de primer polizonte en el viaje a Venus,
se levanta del cordón de la vereda.....pasa frente a vos... y junto a la fila de autos detenidos.....acaricia los fuelles de un bandoneón.
Por un minuto...el dos por cuatro invade la porteña esquina de buenos aires, sin embargo, nadie escucha, el mundo sigue girando.
El semáforo abre nuevamente, el hombre vuelve a pasar frente a mí y se sienta.
Mis ojos buscan nuevamente las letras del cine........
Antes de morir.....el hombre este u otro monton de hombres....habrán conocido eso de llegar a vivir un gran amor?.....
La escena vuelve a repetirse, el semáforo, el bandoneón y el tango,....una...dos...tres....cuatro veces......sin que nadie le devuelva una mirada a cambio.
Buenos Aires, querida buenos aires, cuna de mundos tan distintos.,.....
algunos se van apagandos intentando subsistir.........
......otros........otros corren, viven, crecen y respiran aprendiendo a no sentir....
Ay Polaco Polaco........
Si el polaco viviera.....
De su garganta con arena saldría........
.-"GILES".....
.-"No ven que está sufriendo?.......
Lo tomaría del hombro y en la Viela misma, ordenaría.....
.-"TOME Y BEBA AMIGO......YO INVITO".......
Pero el Polaco no está, el Polaco se ha ido.......
Entonces........ el hombre pasa frente a vos, se sienta en el cordón de la vereda y se sonríe.
La gente pasa a su lado y no lo ve.....
Lo de siempre: en
la calle y en vos. . .
Sin embargo.....porque siempre existe un sin embargo....
Por un instante, todo se detiene.....una nube gris esfuma los rostros.....y un haz de luz salido de un balcón cualquiera, bucea en la oscuridad de la noche.....
busca en la esquina.....
avanza hacia el cordón de la vereda....
pasa a mi lado.....
se detiene frente al primer árbol de la esquina........
y......
de
repente.......
tras el árbol aparece ella......
Mujer, muchacha, niña, pebeta......
y a ella.....
los maniquíes le guiñan; los
semáforos le dan tres luces celestes, y
las naranjas del frutero de la
esquina tiran azahares.....
Mezcla rara de mujer y niña a la vez.
Un abrigo largo sostenido solo por un cordón en la cintura, la cubre hasta los pies.
Tacos altos, medias negras, cabellos largos y rulos que dejan escapar tras la pequeña simetría de dos orejas perfectas, dos aros inmensos. Ojos mas grandes aún que los aros, con una infinita llanura verde tras los pàrpados.
Mirarla entera es una decisión para los hombres, que se deberìa tomar por anticipado. Es toda belleza.
Al verse descubierta por el haz de luz, se adelanta suavemente y al hacerlo desde bajo el abrigo asoman los contornos de una anatomía perfecta.
Deja caer los bucles claros sobre sus hombros tersos, se descalza y espera.
Ahora el haz de luz le muestra el camino, la guía, la acompaña, la acerca, y la espera.
Con sus mejillas sonrojadas parece aún mas niña y,, tímidamente se acerca.
El se levanta, se quita el sombrero, hace una reverencia, le ofrece la mano.
La gente tras la nebulosa atmósfera que se ha creado en la esquina, espectante...espera.
La piba....esquiva la mano......
decidida ahora, se acerca....
y......al loco del tango.........lo mira a los ojos.....
le sonríe....
y en puntas de pie......le acerca sus labios.....
para dulcemente.....entregarle....
la magia encerrada en la caricia del beso.
La gente aplaude....
Con el beso, la mujer desarma los sentidos de una locura encerrada y protegida por los espacios del no saberse aceptado por el resto.
Se hace entonces el segundo silencio.
Planean las teclas de un bandoneón por el remolino del aire que dilata el firme paso de la mujer sobre el asfalto negro.
El hombre permanece inmutable.
Mezcla rara de penúltimo
linyera y de primer polizonte en el
viaje a Venus: medio melón en la
cabeza, las rayas de la camisa
pintadas en la piel, dos medias suelas
clavadas en los pies, y una banderita
de taxi libre levantada en cada mano.
La muchacha espera descalza graciosamente, al costado de un escaparate de madera, parece que solo ella existiera....
porque los maniquíes le guiñan; los
semáforos le dan tres luces celestes, y
las naranjas del frutero de la
esquina le tiran azahares.
Sin embargo no es así, la esquina toda de Arenales, los está mirando y mientras los miran, sonríen.....
El aire se carga de penumbra y erotismo, erotismo que fluye del cuerpo joven de mujer..
Los ojos de la gente están convencidos de poder iniciar un recorrido visual que será mera y suave contemplación y placer.
Cuando entonces.......
Él avanza hacia Ella.
Se miran como si se conocieran de mucho tiempo.
Y al mirarse los mensajes de los sentidos violan el control, una segregación en los espacios de piel, intensos, envolventes acercan los cuerpos tersos hasta el momento de la presión.
Y en la penumbra, la presión llega.
El la toma por detrás.
Ella registra las formas del cuerpo de El sobre su cuerpo, se modela a esa forma y afloja su propio ser para reproducirse en el movimiento.
Forma dentro de la forma y las notas del piano viejo, en la penumbra se elevan con el ritmo transpirado de los cuerpos.
Allí, el primer aplauso nace naturalmente.
El movimiento de Ella.
La persecución de El.
Ambos cuerpos, dibujan el zigzagueo hasta atrapar la cintura frágil que ella le ofrece en un ida y vuelta.
El tango en el medio y en el medio del tango, un canal de sombras, húmedo y desesperado que une, lo que está detrás con lo que ondula delante y viceversa.
Los roces donde la piel de la muchacha y la textura mínima de la tela son todo piel, sin que una tenga supremacía sobre la otra.
Ella es mujer, humedad y piel; toda seducción, respiración agitada y placer visual en las manos de El.
El enlaza el cuerpo en los movimientos de Ella; adelante y atrás, como un látigo musical que va exasperando los compases y abriendo la sed del deseo, hasta corromper y desintegrar suavemente la resistencia de Ella.
Ambos se entregan por entero y la música danza en medio de ellos.
La segunda ovación cerrada trepa paredes.
Ella la escucha y se detiene, lo espera.
Obtiene la pausa para exigirle a Él que la persecución recomience.
Él roza, presiona, se confunde con las ondulaciones del cuerpo de Ella y las pieles sin descanso, nuevamente se humedecen.
Las notas y los compases del dos por cuatro, de despegan del espacio temporal del pentagrama y sin tiempos se construyen allí sobre el tablado donde hasta se agita la propia madera.
La oleada de excitación enciende el deseo y las manos que aplauden arrojan rosas rojas sobre el cuerpo suave y tímido de Ella y la ovación sube hacia el cielo.
Y la ovación al subir al cielo despierta.
Una suave luz entre el bullicio se cuela por el resquicio abierto entre las manos que se mueven aplaudiendo y desde la ya entrada noche, la luz se detiene.
La luz se detiene sobre el suave perfil de mujer, permanece un instante sobre sus inmensos ojos verdes, y luego baja lentamente.
Recorre sus hombros desnudos y tersos, su cuello suave, sus pechos firmes y aún excitados, su espalda ancha, su ombligo profundo y se desliza por sus caderas, hasta acariciar sobre sus pies descalzos un teclado tibio de dedos.
Luego la deja en penumbras, la abandona en silencio.
La abandona en silencio, para ir a detenerse sobre la boca de Él.
El la mira fijamente y espera.
Ella dulce y tímidamente se acerca y bajo el haz de luz, hace que los labios tiemblen en el beso.
Los espacios de luz ceden, y en la oscuridad, la multitud delira por el tango.
Y el tango vuelve.....
Vuelve para hacerlos bailar pegados.
Bailar pegados entre los labios, El y Ella.
Bailar sobre buenos aires, el dos por cuatro pegados solamente por la ternura de un beso.
Y así.......
así, medio bailando y medio volando,
la gente vibra, vibra buenos aires,
el se saca el melón para saludar, le
regala una banderita, y le susurra a media voz...
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
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