Recorriendo con la mente el pasado del día de hoy, los chistes del fin de semestre, las explosiones de risa de todo el curso al unísono…
- ¿Uno a la una? - pregunta el hombre que vende los boletos.
- Sí – dedica una sonrisa que, como era costumbre, no fue correspondida.
El bus ya estaba ahí, con 10 minutos de anticipación… como siempre.
Los pasos lentos, llenos de nostalgia adelantada… suben las escaleritas… “mmm…” 10 y 11, 12 y 13… 15, aquí está el mío. El asiento no era reclinable, el de la una nunca lo era.
Acomodaba las cosas, una señora gorda se sentó a su lado; típico, tendría dificultades para bajar. Todo comienza a moverse… el bus partió.
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