Allí donde tu piel parece prácticamente desvanecerse, ahí, justo ahí, con delicadeza de bisturí, mi uña dibuja una finísima línea, que se vuelve roja cuando la sangre aflora, mansa, casi extrañada. Dejo caer con precisión milimétrica de topógrafo una venenosa lágrima zozobrante y salobre de una tristeza mística y exquisita. Las mezclo con la punta de la lengua, sangre y lágrima. Paladeo suavemente su sabor, apenas un instante malicioso. Cierro con un beso disfrazado de ternura la delgada cicatriz. Por último, espectadora inocente, espero indolente a que te quiebres por dentro sin saber que clase de malestar difuso te está matando poco a poco.
Texto agregado el 13-04-2003, y leído por 367 visitantes. (7 votos)
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