Un matrimonio, feliz, o eso parece, pero nadie nos cuenta que él la puso los cuernos con la vecina de enfrente. Y que ella en vez de tirarse a la yugular de su marido se fue directa a la de su vecina. Y acto seguido se mudaron a la otra punta de España y jamás se separó de él, tanto que trabajan en el mismo sitio. Pero esto es otra historia, así que pongamos que son felices. Raros, algunos dirán que originales, otros que horteras. Cada uno lo verá de una forma, pero al menos no son comunes. Ella lleva un bolso, como la gran mayoría de las mujeres, pero éstas lo suelen llevar lleno. Sin embargo nuestra protagonista no, lo lleva vacío, bueno no, lleva un peine. La única pertenencia que necesita llevar consigo se mueve sola porque tiene piernas, su marido. Éste viste un pantalón rojo, resalta a la vista. Pero no es nada comparado con la camisa rosa fucsia que lleva a juego. Él no lleva bolso, no lo necesita. El dinero en la cartera y ésta en un bolsillo del pantalón. No fuma, así que todos los demás bolsillos van libres. No, si subimos un poco más vamos al de su camisa, ahí lleva 2 cosas, su DNI y el de su mujer, porque en el bolso no hay espacio para más por culpa del peine. Vistamos a la mujer. Una minifalda verde, verde claro. Y una camiseta blanca muy ajustada, demasiado. En un cuerpo dentro de los cánones actuales de belleza iría bien. Pero mide metro y medio de alto por metro de ancho. Así que está fuera de los cánones. Su cabello está recogido con coleta, una coleta muy estirada, y en ella un lazo, ¿color? A juego con la camisa de su marido.
Todas las mañanas antes de trabajar van a un bar a desayunar. El bar no sé cómo es, así que será un bar cualquiera. Con sus gentes habituales y con esporádicos que van de paso. Se fijan en un hombre. Todas las mañanas está apoyado en la barra, tomándose un cubata. Tiene barba, canosa por algunas partes. Y éste tampoco entra en los cánones de belleza.
- Mari, lo que te digo todas las mañanas: éste’s tacista.
- Pues puede cer, y qué más da. Pero amos, que si es taxista vaya cubatazo que ce mete toas la mañanas.
- Yo creo que trabaja de noche, y ce toma el cubata antes de irce a casa.
- También es otra opción.
- Mari, yo no me voy hoy de aquí cin zaber si este hombre es tacista o no.
- Pues ale Migué, levántate y pregúntale si es taxista o no.
El marido se levanta de su mesa, se coloca los pantalones y se dirige a nuestro protagonista solitario.
- Buenoz día.
- Hola, buenos días.
- Mire uzted, que todas las mañanas le vemo mi mujé y yo aquí, y debatimo si es uzted tacista.
- No, no soy taxista.
- ¿¿Y entonce qué’s lo que es uzted??
- Soy subteniente de la Guardia Civil.
- Ah… vale…
- Mari, vámonos.
- ¿Por qué? ¿Es taxista?
- No Mari, no, no es tacista. Es subteniente de la Guardia Civil. Vámono corriendo que éste nos empapela. Corre Mari que viene pa nozotro.
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