El ruido hiriente,
estático, plano,
algo asfixiante,
eso que sube por el esofago gastado.
Un ruido viscoso,
mezclado con secreciones diversas,
un camión incrustado en la garganta,
el esfuerzo por respirar entre restos calcinados.
El ruido sin alma en busca del espacio vivo,
¡el maldito eructo seductor!,
un desgarro con pensamientos incluido.
El tren parte... me duele la cabeza. |