La semilla de la belleza (dedicado)
El silencio dormita.
Nítido y claro lo siento,
cómo se ahueca en mi hombro;
mientras mi mano
se posa sobre mi pecho;
una marea
que sube y baja,
a golpes de recuerdo,
por lo que fue
y no ha sido;
por lo que pudo ser
y se truncó en deseo.
A los años
los devora el tiempo
y la rutina,
anestesia,
que enmudece y oculta
el dolor primitivo;
hasta que la sonrisa
se libera,
dulce mariposa
que se posa leve
sobre mi pecho.
Y aunque ya no somos
narcisos,
y nuestra sombra
se deslució en tintes amargos,
percibo,
al acariciar con mis yemas
el eco de mis latidos,
que el brillo de tus ojos
permanece y aumenta
con el resplandor de los años.
Churruka, 06.01.2007....Para Anemona en el día de su cumpleaños... |