Para Marcos,
ENCUENTRO A DESTIEMPO
Como por arte de magia se lo cruzó en la plaza. No sabía ella, que él volvía viernes tras viernes. Se lo cruzó y se le quedó mirando. Bastó un segundo para recordar todos aquellos besos que se dieron. Besos que fueron más que vastos actos sexuales, fueron demostraciones de afecto, de cariño, y por qué no de amor.
Se perfiló hacia él, pensó en acercarse y hablarle. No sabía ella, que los labios de él ya no hablaban.
Sólo un paso fue necesario para poder percibir su aroma. Ese que tantas noches había sentido en su cuerpo. Era su perfume, aquel que inmortalizó sus abrazos. Cómo volaba el tiempo, como se perdían sus miradas.
Titubeó, no sabía ya, si quería revivir esos recuerdos, ese pasado que se había prometido olvidar. Se había encargado personalmente de eliminar eso de su memoria. Evidentemente, lo hizo mal.
Su corazón no entiende de razones. Pero su corazón es frágil y cobarde. No fue suficiente el amor que le tuyo. No le pudo perdonar, no lo supe aceptar.
Pero su corazón estaba inquieto ahora. Revoloteaba y gritaba. Gemía y reía. No se había enterado ella, que el corazón de él ya no latía. Había encontrado su razón y motivo en ella. Latió por última vez con aquel adiós.
Serán en vano las lágrimas, será en vano el llanto. Su amor fue cobarde. Se puso difícil y huyó. No importa cuánto lo sufra hoy, o importa cuando lo extrañe, lo anhele y lo ame. Hoy ya es tarde. |