[[Dedicado a Omenia, una fiel lectora y talentosa escritora. 12.01.2007]]
Acuchillada en un rincón de la habitación del motel, lo único que rompía el silencio sepulcral de la habitación era el infalible reloj despertador que sonaba desde las cinco de la mañana de manera monstruosa y estridente.
Él le miraba con cierto recelo, como si no creyese lo que había hecho. Se acercó tembloroso hacia la mujer que estaba acuchillada y se acuclilló. Con su mano (la que estaba libre, la que no tenía el cuchillo) levantó el rostro inerte de su mujer y le abrió sus ojos.
Vacío.
Sus hermosos ojos azules que antaño fueran los más conocidos de la ciudad, ahora estaba apagados, sin vida.
-¿Qué he hecho... ¡Dios santo! ¡¡Ayuda!!
***
Omenia se levanta de su pequeño asiento en el tren de mediodía y vestida con sus ropas más formales se dirige hacia su destino. Realmente ella sabe a dónde va, no es aleatorio el lugar, pero no sabe si ha de encontrar a la misma persona que recuerda, o si con el paso del tiempo se ha deteriorado aquel personaje.
En su mente lo recuerda con cariño, con afecto, y recuerda también todos los momentos que viviera con él. Y no piensen mal, sólo digo que, en su niñez, él siempre estuvo allí para cuidarla, para acariciarla y para estar, que es lo más importante.
Omenia camina por las calles atestadas de gente de la capital con su vestido rojo y con su pequeño bolso de mano hasta llegar a la calle Pies Blancos. Nombre cómico que nos hace recordar a Pie Grande o quizá qué cosa, no podemos estar seguros.
En la calle Pie Blanco Omenia se detiene ante un edificio blanco que hace juego con el nombre de la calle, y esto hace sonreír a la mujer.
Toca el citófono y responde una voz masculina.
-¿Sí?
-Soy yo, Omenia.
La mujer no sabe si es la voz o no es la voz de aquel que tanto recuerda. A decir verdad, no recuerda mucho de su voz.
-Pasa, querida. Te esperaba.
La puerta se abre con un chillido y Omenia se adentra en ella lentamente, pero con pasos seguros. Esto nos sirve para definirla, también. Es una mujer de temperamento extraño, pero que puede definirse de la siguiente manera: camina lentamente por la vida, deteniéndose ante cada pequeño detalle, pero es muy segura de sí misma y sí, realmente sabe a dónde va.
La puerta del departamento está abierta cuando Omenia llega. En el interior de la casa (finamente decorada con obras de arte y sofás grandes, a la usanza antigua) hay un silencio extraño y pesado y un aire un poco denso. “Quizá falta aire”, piensa nuestra Omenia.
-¡Muy buenos días, mi querida Omenia! -saludó una voz.
-Tanto tiempo, Beezer.
Un joven alto, de unos treinta y cinco años, cabellos canos y rubios y barba amarillenta le saluda y le ofrece una copa con vino.
-Siempre has conocido mis gustos -sonríe la mujer.
-Sí. Y es que son iguales a los de Cleo...
Omenia la recuerda. Es una mujer honesta, humilde, de cabellos rojos y ojos azules, los más azules que jamás nadie hubiera visto. Si le hicieran una toma en primer plano, piensa, quizá la gente pensaría que era el cielo. O el mar, depende de la imaginación.
-¿Dónde está ella? ¿No vive ya contigo?
-Claro que no. Tuvimos nuestras peleas hace un tiempo...
Omenia nota algo en el tono de voz de Beezer que la llama a desconfiar. ¿Miedo? ¿Tribulaciones? No lo sabe. Es algo, pero no puede identificar qué.
Su instinto de detective le dice que algo no anda bien por ahí.
-¿Qué es este olor, Beezer? ¿Te olvidaste el baño? -pregunta irónica.
-Claro que no, querida Omenia. Es simplemente que no he estado en esta casa desde la semana pasada y hoy, pese a mis esfuerzos, el olor persistió.
“Sí, claro. Cómo no”
-Este olor me recuerda a otro...
Beezer mira con curiosidad a la mujer.
-¿Sí? ¿A qué olor?
-Es una mezcla entre carne cruda y... ehm... -piensa y luego sonríe- una mezcla entre carne cruda y hombre sin bañar.
Ambos ríen.
Para no hacer de este relato un relato aburrido y denso hemos de dejar a nuestros personajes en aquellos lugares y hemos de viajar volando hasta otro lugar de la casa de Beezer, en donde podremos contemplar la situación tal y como es.
En un rincón de la pieza matrimonial, entre la pared y el escritorio, hay unas manchas rojas que resaltan en la alfombra clara. Si nos desplazamos a un nivel un poco más bajo, llegamos a ver que debajo de la cama hay un bulto envuelto en una bolsa negra de basura, cubierta de moscas que han hecho el esfuerzo de bajar hasta debajo de la cama para adquirir un poco de comida.
Pero lo que hay dentro es demasiado horrible para verlo, y en este momento hemos de salir volando hasta llegar de nuevo al lugar en donde nuestros protagonistas conversan. Ahora, sin embargo, Omenia ya no es más la dulce y genial amiga Omenia de siempre, sino que se ha transformado casi imperceptiblemente para Beezer.
Ahora, señoras y señores, estamos en frente de la detective Omenia, muy distinta de la civil y común mujer a la que estamos acostumbrados. La conversación parece, de hecho, más un interrogatorio que una conversación, y, pese a que la mujer no anote nada, está registrando todos los datos en su disco duro.
-Así que Cleo está de viaje por el mundo. Está claro que tú no tienes el dinero suficiente para realizar esto, lo comprueba el hecho de que estás en esta ciudad, lo que significa que lo pagó ella. ¿Cómo permitiste...
-Lo que sucede es que ella ya tiene un novio nuevo, y no quise meterme en su relación.
Omenia asiente. Mentira, lo nota en sus ojos.
-¿Puedes traerme otro trago, querido? Estoy sedienta. Es que este calor de los mil demonios...
Beezer se pone de pie y se va a la cocina. Omenia aprovecha este momento para seguir sus instintos y recorrer la casa. El olor poco a poco se hace insostenible, y nuestra detective descubre que en la habitación de su amigo el olor se intensifica más aún. Por lo poco que puede ver de la habitación entreabierta, además, descubre que hay algo bajo la cama, pues moscas vienen y van de ese lugar.
En un parpadeo vuelve a su lugar en la sala de estar del pequeño departamento. Y con ella, minutos después, un trío de moscas que volaban realizando círculos alrededor de los sofás.
-¿Pasa algo? -pregunta Breeze con una sonrisa y con un trago nuevo en su mano.
-No. El olor éste de tu habitación está atrayendo a las moscas...
***
«Los hechos, lo más importante en estos casos, hablaban por sí mismos. Al salir de la casa de mi amigo Breezer, a eso de las tres de la tarde (con un olor rancio a muerte por todos lados), me dirigí a una cabina de teléfonos y allí llamé a la policía. Hablé con mi viejo amigo el oficial Kikoyu, y él hizo el resto. La casa de Breezer fue requisada minuciosamente y encontraron debajo de su cama, tal como mi descripción les había dicho, a una mujer pelirroja y de ojos azules muerta, y cortada en pedacitos. Sin duda, un golpe terrible para mi persona. El oficial Kikoyu me ha felicitado y me ha invitado unas copas, tras lo cual he llegado a casa. En fin, una lástima por mi amigo...»
Así termina, queridos amigos, el caso de la mujer muerta resuelto a cabalidad por nuestra detective Omenia.
***
Esto ocurrió hace un par de años, pero Breezer no era el asesino. Las huellas de ADN no coincidían con las de su persona, sino con las de un asesino en serie que había atacado ya varias veces y que, para nuestra sorpresa, también fue descubierto por la detective femenina más famosa de esta parte del mundo. Nuestro amigo, cabe decir, nunca fue el culpable, y todos esos años en prisión le sirvieron para ver las deficiencias del sistema.
Pero nos limitamos a contar este extraño caso hasta esta parte. Algún día, quizá, se escriban las crónicas de las aventuras de Omenia, pero eso ya es otra historia.
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