¿Han escuchado alguna vez la historia de un joven enamorado como yo? Seguramente sí, pero no importa. Siempre es bueno escuchar historias como ésta. Estoy enamorado de una loca, una loca que sonríe cada vez que me ve y que me besa cada vez que estoy cerca. Es una loca incurable, comienzo a creer, pero no me importa: la vida, sin un poco de locura, no es vida.
Usa mi ropa, viste mis camisas y algunas veces hasta mis calcetines. Recuerdo una vez en que hicimos el amor y manchamos toda su ropa, así que tuve que pasarle hasta unos shorts para que se vistiera y pudiera dormir tranquila. Las cosas del amor, ¿no?
Debo admitir que es perfecta. Sus ojos me llena de su luz, su piel es dorada como la miel y sabe a cielo, es de corazón bueno, y me sirve de columna cuando me deprimo. En resumen: demasiado sublime para mi escasa virtud.
La conocí hace algún tiempo en la oficina. Yo trabajo de maestro en una universidad, enseñando civil industrial, y ella era uno de tantos egresados que quería comenzar a impartir clases. La conocí frente a la maquinita de los cafés, las maquinitas más indispensables que puedan encontrar nunca, y allí nos sonreímos y nos saludamos.
Amor a primera vista, si quieren decirle así.
Bastaron un par de semanas en diversos restaurantes y una cena romántica para lograr que se enamorara de mí y que comenzara a quererme. Ahora, luego de seis meses, puedo decir que somos los dos seres humanos más enamorados que pueden existir.
A veces incluso pienso que su amor me enferma hasta ponerme tonto. Me acaricia el alma, y se siente tan rico...
Ahora voy camino a nuestra casa. Me esperará con velas, con un lindo traje, y juntos disfrutaremos de una hermosa cena romántica.
Amo a Jack y espero que nunca nos separemos.
La amo, de verdad. |