La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Claraluz - 'Entre el primero y el ganador.'
Entre el primero y el ganador.
Tenía 22 años cuando me enrolé en el “Terra- Nova” con mi gran amigo Robert Scott. Nos conocimos en la academia, cuando aún éramos estudiantes. Su semblante era amable, le caracterizaba una pronunciada calvicie y unos ojos muy expresivos.
Formábamos parte del primer destacamiento de oficiales de la marina británica y compartíamos la inquietud de conquistar el Polo Sur, después de que dos años atrás, Robert Peary conquistara el Polo Norte, corría el año 1.909.
En nuestro tiempo libre nos reuníamos, desplegábamos los mapas y señalizaciones sobre las rutas a seguir. Scott siempre fue líder de masas y él mismo se encargó de seleccionar al resto del equipo que nos acompañaría en tal hazaña. Lo peor que tenía era su cabezonería y el poco conocimiento del terreno al que se enfrentaba.
Una tarde irrumpí en su casa sin avisar.
- Acabo de recibir copia del diario de navegación de Peary - le dije - mientras ponía la documentación en su mesa.
-Estupendo, James- dijo con una amplia sonrisa-
-Hay cosas muy interesantes - le dije-. Peary fue el oficial de marina más obsesivo que he conocido nunca. Dicen que perdió ocho dedos de sus pies y a pesar de ello seguía embarcándose en nuevas expediciones.
- Cierto.
- Además leí que utilizó equipos de apoyo dejando alimentos y combustibles a lo largo de la ruta.
- Escucha esto - me interrumpió Scott-. Estudió las técnicas de supervivencia de los “Inuit” llegando incluso a vestirse con pieles de focas.
Fue un hombre tan terco como minucioso a la hora de contar sus hazañas y generoso en detalles pero Scott era más testarudo aún si cabe y decidió guiarse por sus propios métodos, descartando gran parte de las aportaciones de aquel diario.
Le hice una serie de observaciones a sus planteamientos, como el hecho de que no era una buena idea llevar trineos mecánicos y era mejor utilizar (al igual que lo hizo Peary en su día) trineos llevados por perros.
Pero mis palabras caían en saco roto porque Scott no reconoció como óptimas mis sugerencias ni las técnicas de Peary.
Las últimas negociaciones con el Gobierno habían sido favorables y la marina confió en nosotros, así que zarpamos rumbo a la Antártica, una fría mañana de 1.910.
A las pocas semanas me dieron la razón, los caballos murieron a los pocos días y la mecánica de los trineos se estropeó a consecuencia del frío.
El desánimo se apoderó de todos nosotros, nuestras ropas no estaban adaptadas a las condiciones y apenas sabíamos esquiar. Fueron días duros, la comida se nos agotaba muy deprisa y el cansancio iba en aumento.
Pero lo peor estaba por llegar, un telegrama de Roald Amundsen nos sorprendió:
“Señores, me permito informarles que el buque “Fram” va rumbo a la antártica”.
Nuestras alarmas enseguida se encendieron.
- James- me dijo Scott- ¿Ese no es el buque con el que se conquistó el Polo Norte?
- Así es- respondí-
Hubo un silencio casi tan helado como el aire que se respiraba.
- Seguro que también utiliza los métodos de aquella conquista - pensé en silencio-
Efectivamente no erraba en mi planteamiento. Amundsen se había llevado los mejores perros adaptados al terreno de raza Husky, además todos sus hombres vestían con pieles, comían adecuadamente y sabían desplazarse en esquís.
Esa noche, después de cenar le planteé a Scott la idea de retirarnos.
- Eso nunca - me respondió- con voz firme y decidida.
- Amigo, es una locura. Si al menos tuviéramos perros.
- ¿Qué tienen que ver los perros con todo esto? - preguntó-
- Utilizaríamos la logística de Peary ¿recuerdas? Ir comiendo a los perros a medida que avanzáramos.
- ¿Tú comerías carne de perro?
- No nos engañemos Scott, en las condiciones en que nos encontramos todos lo haríamos, incluido tú.
En ese momento nos interrumpió el resto del equipo, acababa de llegar el telegrama más amargo:
“Hoy, catorce de Diciembre de 1.911, Roald Amundsen y su equipo han llegado a los 90º Sur”.
Los cinco vivimos la desazón del momento y los días posteriores se sucedieron con mucha tensión. Scott comenzaba a perder el rol de líder, cada vez estaba más irritable y por las noches apenas dormía.
- Si no duermes lo suficiente, vas a morir - le dije-
Con la mirada perdida me preguntó -¿Te has dado cuenta de lo que nos ha hecho ese traidor?-
- No te equivoques y empieza a asumir los errores como tales. A mi me duele tanto como a ti, pero jugó limpio desde un principio avisándonos de su intención con un telegrama.
- Su eficacia es casi insultante.
- Venga, no te atormentes más - le dije-
- Ni los mejores oceanógrafos del mundo podrían haberlo hecho - prosiguió- .Seguro que es por el buque. El suyo es mejor que el nuestro.
- Hazte un favor y no te engañes - le respondí- Ahora descansemos ¿vale?
Desde aquel momento el camino se hizo más largo y tedioso. Scott registraba en sus cartas el amargo trago, su particular “Vía Crucis”. Un mes después, en Enero de 1.912 llegábamos a la Antártica.
Un día se desató una fuerte tormenta, alcanzamos los – 60º. La tremenda ventisca hizo que apenas pudiéramos ver y nos desorientó. Un alud de nieve nos arrastró con furia y ahí ya nos dispersamos por completo. Cuando todo hubo pasado me sorprendí más cerca del puesto de aprovisionamiento de lo que hubiera pensado. Busqué por la zona a mis compañeros, grité sus nombres pero no encontré nada. El paisaje se había dibujado diferente, no reconocía los caminos alcanzados y todo me era confuso. Ya cansado y exhausto me quedé dormido y allí hubiera muerto de no ser porque un equipo de salvamento me encontró a tiempo. Al abrir los ojos vi a unos enfermeros y a mi capitán, luego perdí el conocimiento. Al despertar lo hice en la cama de un hospital de campaña, bastante mejorado. Fui un afortunado, pues mis compañeros no corrieron la misma suerte que yo.
Pasaron los días y ni rastro de ellos aunque la búsqueda continuó de forma ininterrumpida. Las esperanzas de hallarlos con vida cada vez eran menores.
Fue el regreso más amargo de mi vida. Al reencontrarme con los familiares de mis compañeros no encontré consuelo para ellos.
Diez meses después la hazaña de Amundsen fue eclipsada por la noticia del descubrimiento de los cadáveres congelados. Pensé que mi gran amigo celebraría ese triunfo allá donde estuviese.
Con el tiempo descubrí que aunque Scott no fue el primero en conquistar el Polo Sur, hizo suyo un refrán popular que dice “el héroe más poderoso es el héroe muerto”. Y es que de haber vivido es poco probable que se hubiese convertido en el mito que es hoy.
Texto de Claraluz agregado el 14-01-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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