[[Título Original: El Hombre]]
Cuentan que por las tierras del sur viaja un hombre acompañado únicamente de su perro y su historia. Es un hombre robusto, dicen, aunque nada sabemos realmente de su figura. Es un aventurero de mil te quieros y de dos mil recuerdos, un hombre de vida que ha surcado todas las profesiones y ha comprobado en ellas la inutilidad del trabajo. Cuentan que no posee ni nombre ni edad. Que su rostro está demacrado por los años y la melancolía y que por sus poros no corre sudor sino lluvia, una espesa lluvia de lágrimas provocada por la angustiosa soledad, una soledad que ni ustedes ni yo conocemos.
Cuentan que al marchar de casa empacó solamente un sombrero de paja y la correa de Sol, que, llegaría a comprender, nunca usaría. Se marchó sin decir adiós, sin despedirse de su mujer, ansioso de vagar, de ser él. Porque su vida estaba vacía, y sabía que para llenar esos espacios debía iniciar sus viajes. Y se volvió aventurero, o eso cuentan.
Los más idealistas narran hermosas aventuras del hombre, a quien llaman “caballero andante”, y le asignan fabulosas peripecias de dragones y princesas. Los más realistas simplemente le asignan un par de amoríos y otro de borracheras. Para los motociclistas es un camionero sin camión, mientras que para los intelectuales es un pobre sin educación. Sin embargo no le conocen, nunca han visto su rostro. No saben cómo viste o de qué color es Sol. La ficción penetra en sus mentes como el miedo al alma, al hombre que recorre las tierras del sur acompañado únicamente por su mascota y su historia.
De Sol cuentan también numerosas historias. Unos creen que es maltés, otros un quiltro y algunos se conforman con, simplemente, creer que es una mujer metaforizada para atacar un poco la soledad del hombre. Pero todos concuerdan en que existe, que no es una ilusión, y es en eso en lo que me baso.
Sepan que la leyenda de este hombre corrompe la mente de todos los pueblerinos del sur, y les llena de espanto. Los del norte creen que esas tonterías no existen, que los hombres con perros no pueden ser malos, pero es que ellos no creen en la magia. No creen en el hombre, en Sol, o en sus propios cuentos. No creen que realmente existe un hombre que no tiene nombre, que no tiene edad...
Con respecto a su vida anterior, algunos dicen que tuvo esposa y que ésta le engañaba (y en eso se basan para explicar su actual comportamiento), aunque otros piensan que simplemente la abandonó porque estaba ansioso de ser Don Juan. Cuentan que salió de noche sin hacer ruido y que no dijo adiós.
Aquellos otros espetan que es un enamoradizo sin remedio. Que le han visto con muchas, en especial con jóvenes. Y que en las noches de verano se roba una que otra para jugar: las encanta, las enamora, las viola y las abandona. Y que luego ellas no recuerdan nada, o creen que es un sueño: algo que pasa en otras vidas menos en la suya...
Cuentan que su piel se ha vuelto verde porque el verde es el color del viajero, el color de quien no tiene hogar y vive de la tierra. Cuentan que sus ojos son amarillos pues amarillo es el color del horizonte, el destino de todo viajero.
Es un atacante imprevisto y un amistoso viajero. Algunos le llaman Trauco, solo para ponerle un nombre, mientras que otros simplemente le llaman el Hombre.
Así que si la luna suave se desliza por las cornisas de un pueblo, estén atentos; comprueben que todo esté en su sitio, y que sus hijas no están conmigo... |