Lleváme a tu refugio de espejos sonrientes,
ojos demasiados flambeados y espinas de cactus tiesos.
juguémos a caernos
rodar,
rodar,
densos los dolores.
Este es mi retrato: un laberinto de entradas y salidas, noches rotas descosidas y risas mentirosas.
Lleváme a la rastra, no me cuentes los moretones, no vale la pena tanta morbosidad.
Y de la nada saldrán sorpresas de mago lujurioso, naipes de varias caras y caras demandando afecto.
Lleváme,
el camino se erige lleno de miedos.
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