La tierra
Carne, hueso con hueso,
Tú, tierra seca,
anciana madre,
quemada, sin lágrimas esperas,
a que el señor de los cielos furioso venga,
y te fulmine con el esperma
que cuece rebelde en su vejiga,
hasta que perfora tus entrañas
y sacia la luz ardiente de tu alma,
creando surcos con su polvo,
colmando de semillas tu regazo,
hasta que tu carne se hincha,
entre olas de dolor y tus espasmos,
ávida por arrojar tu fruto hacia los cielos;
arrojas en ritual eterno
a tu verde retoño;
apretando los muslos;
los empujas hacia el sol de las mañanas;
entre brillos y fulgores,
aprenden a bailar mecidos por el viento;
beben el néctar de tus dulces pechos
para lanzar al aire tu esencia,
bajo la feliz mirada,
del cielo su padre.
Churruka, 14.06.2006 |