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el último (a fabiangs)
El ultimo.
-¿Por qué te gusta tanto la sopa?
- No se. Alimenta. ¿Por qué? ¿Qué hay de malo?
- Nada.
Nunca entendí como una comida donde el agua y la sal son el común denominador, podría convertirse en un plato de vital importancia en esta casa. Verlo tomarse la sopa con el mayor deleite de esta vida, me sorprendía. Cucharada tras cucharada pasaba el mediodía y antes de acabar pedía un poco más.
- ¿Tú no quieres?
- Con el arroz basta.
La tarde naranja y roja, llena de brisas tibias, cuando los conocí, no se me olvida. Ya pocas cabezas habían en la cafetería. Ella miraba lejos, como buscando el ultimo vestigio de sol, él la miraba. Pensé que era un pervertido al mirarlos. Me distraje y cuando volví a espiar ya estaban frente a frente, sonriendo, charlando. Sentí envidia.
- ¿Qué has sabido de la universidad?
- La van a privatizar.
- Pobres.
Con varios encuentros en bares, cineclub y exposiciones de artes, nuestros nombres se cruzaron. Con eso, las salidas fueron frecuentes, y cuando nos dimos cuenta, los almuerzos en casa era ocasión de domingo… Sí, me acuerdo de los domingos. En especial uno donde las fiestas estaban en cada esquina del barrio. Después de un par de cervezas él lo confesó, ya eran cuatro meses y se le notaban.
- ¿y tú que opinas?
- Ya era hora.
- Pero así le quitan el derecho a otros.
- ¿y desde cuando aquí estudiar a sido derecho?
Otoniel era padre. De esos que desean los tratados de concejos matrimoniales. Estaba feliz y yo con él. El futuro era señorial. Ver niños corriendo en el patio, y el payaso tratando de ubicarlos en un mismo sitio me dio una comezón en el pecho. “debes hacer familia”, me dijo ella sirviéndome un poco de helado. Tal vez, pensé mientras me preguntaba si ella todavía miraba lejos buscando el último vestigio del sol.
- Otoniel. Tenemos que hablar.
- ¿Y que estamos haciendo pendejo?
- Es en serio.
- Después de la sopa.
Los niños embelezados miraban la televisión, mientras los mayores, en el patio, seguíamos la rutina del alcohol. Otoniel recitaba poemas obscenos, divirtiéndonos a todos. En ese momento algo le faltaba a mi vista, ella no estaba y las rodillas me temblaban, con excusas entre, y en la cocina la vi, mis sentidos vibraron sintiendo el más espeso humo saliendo de la tierra en una noche sin luna. Cuando volví al patio Otoniel mirándome me invito a almorzar el domingo.
- Otoniel, en mi cara solo siento pena.
- Es una pena que no hayas probado la sopa. Esta mejor que nunca.
- No quiero hablar de las sopas de tu esposa…
- Es que nunca más vas a hablar de las sopas ni de ella.
La lagrimas me las tomo con calma. Tanta agua y sal me congojan, no tienen sazón. Una comezón me da en el pecho y trato de mirar lejos, trato de buscar el último vestigio de sol y lo único que miro es un círculo ocre que quema mis ojos.
Sergio Sarmiento T
18.01.07
Texto de tanatos_argos agregado el 19-01-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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