Me despierto. Alargo los brazos, bostezo, y esbozo una sonrisa al ver tu rostro aún pegado a la almohada.
Es temprano. Lo suficiente para levantarme, para servirme un café, y volver a la cama. Me levanto. Camino por la casa solitaria, y oigo llover. ¿Ya es invierno? Los días pasan iguales uno tras de otro, infinitos, ya no sé ni qué día es.
En la cocina, ya la cafetera está lista y el café sale rápido. Mi cabello está desordenado, pero no importa. Pensar que cuando vuelva a tu lado querrás ordenarme. Como siempre. Como me gusta.
Salgo de la cocina, y te imagino entonces tirada en la cama, junto a mí, con la brisita que da tu respiración, con la semblanza de estar durmiendo en paz. Te canto, te hablo en secreto, y te confieso mi amor, mi devoción, sin que te enteres.
Tu amor es bien de amor.
Entro en la cama junto a ti. Tú duermes. Me hace feliz verte a mi lado, pienso en ti.
–Te quiero –susurro.
–Te quiero –responde con una sonrisita y un beso, levantándose. |