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Inicio / Cuenteros Locales / negroviejo / NIÑO DE LA CALLE

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El niño, no aparentaba más de siete u ocho años, deambulaba por la noche de la ciudad. Vestía un pantaloncito muy manchado, demasiado grande para él, atado a la cintura con un hilo, una remera veraniega, bastante agujereada, bajo la cual se había colocado papel de diario para atemperar el frío. Su calzado estaba descosido y permitía ver los sucios deditos de sus pies.

Era invierno y la gente ataviada con ropa de abrigo apuraba el paso para llegar a destino. El niño, físicamente muy pequeño, todo lo miraba hacia arriba y se preguntaba si sería invisible porque nadie parecía reparar en él. Sentía hambre, pero eso era normal, siempre sentía hambre. Lo que le preocupaba era el dolor en el pecho y la tos, además, de tanto en tanto, sentía gusto a sangre en la boca.

Recordaba vagamente a su madre porque hacía mucho tiempo que había dejado de verla y la buscaba en cada cara de mujer que cruzaba. La extrañaba, estaba seguro que ella le quitaría el dolor y la tos solamente con el calor de su abrazo. Pero nadie más. Para el resto del mundo, él era invisible.

Instintivamente caminó hacia el bajo, donde estaban los basurales. Allí siempre algún vagabundo viejo le dejaba un poco de su comida y de día los cirujas le daban alguna moneda por buscarles vidrio y cartón. Además nunca faltaba una caja grande en la cual guarecerse para dormir.

El dolor en el pecho, se había intensificado y la tos también, se sentía muy débil. La vida lo había endurecido pero estalló en llanto y se dejó caer boca arriba sobre la hierba. Sabía que clamar por su madre no lo iba a ayudar. Con la vocecita entrecortada por los sollozos solo atinó a decir: ¡Dios ayúdame!

Las lágrimas dieron paso a la visión clara y contempló extasiado el universo poblado de estrellas resplandecientes. Ya no sentía frío ni dolor, la tos había cesado. Su alma se inundó de luz y comprendió. El pertenecía a esa maravilla que tenía ante sus ojos y a ella se estaba integrando nuevamente.

Sonrió y dejó de respirar.

Texto agregado el 22-01-2007, y leído por 525 visitantes. (23 votos)


Lectores Opinan
2009-07-21 06:53:33 Con un nudo en la garganta solo puedo felicitarte porque se nota que no sos de esos que pasan sin mirar y siguen de largo... marea-ri oplatense
2009-04-28 18:14:53 No me queda mucho por agregar,solo un gran desconsuelo saber que esta realidad esta mas que esparcida .Cuanta tristeza .Muy bueno ******** shosha
2008-06-19 20:04:35 Bien descripta la situación. Haces sentir tu bronca sin decirlo. Situaciones parecidas suceden todos los dias en el conurbano bonaerense, alla en Mercedes tenemos una poblacion de familias ladrilleras en goldney donde una fotografia no seria diferente a la de biafra. Aca en la villa 21, hay un lugar al fondo donde no entra nadie donde estan los sacados por el paco,lo mismo. La realidad supera querido amigo. MCS
2008-05-12 12:37:29 Me llenò de tristeza, pero me gustò cada vez que te visito me quedo mas sorprendido. AAAManue lMartinez
2008-05-01 03:40:42 Cada tanto me doy una vueltita por tus textos y no dejo de sorprenderme. Este, aquí, tiene una crudeza que duele (o lo que duele es la certeza de realidad?), y sin embargo no juega con el golpe bajo, el sentimentalismo absurdo. Y siento gusto a sangre, al llegar al punto final. mariaclaudin a
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