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Para siempre. La mesa de la cocina les llegaba a la altura de los ojos cuando se conocieron. Juan, extrovertido y alegre siempre llevaba el pan a su casa, Raquel que llenaba todo con su mirada le miraba con gracia e inocencia. En el colegio compartieron pupitre, un día él le regaló un dibujo, como ella no le dijo nada se sintió triste pensando que no sabía dibujar. La misma mesa de cocina le llegaba a Raquel por la cadera, cuando una tarde de verano le dijo que sabía dibujar y que le gustaban sus colores. Juan respondió que la quería cada día más. Llegó a ser un pintor de renombre, pero a Raquel sólo le importaba que los halos de alegría que él dibujaba en su camino, no se acabaran jamás. Ahora llevan juntos más de ochenta años, y sólo basta mirarlos para saber hasta dónde llega el significado del amor eterno. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |