Cae la lluvia en los eucaliptos
Acero barrido en las esquinas,
monos en una calle cerrada
yerta de un pasado gris
Entonces puedo abrir los ojos,
Al menos uno de ellos,
el de rayos dorados calidos
Que la mayoría de veces está alegre
El estío de nuestras cenizas
en las tardes que trillan caballos
blancos, bayos, ruanos y oro
El trigo de nuestro cementerio
La ulcera que calienta mi pecho
con un agradable dolor
de cimitarras desesperadas,
tan parecidas a cierto amor ido
Fortuna de hombres barbados
con escapularios paganos
café que consume los sueños
cortados, raídos y sordos.
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