Los hechos concluyen,
las cosas concluyen y es inexorable.
Tu piel acabó,
tus ojos acabaron,
tu pequeña risa acabó.
Es la melancolía parlanchina,
un re-brote de viejas sangres...
viejos atardeceres.
Los ojos se topan con esas ruinas hermosas, elevadas por manos barrocas.
Se inventa, otra vez, el frío,
vuelve, otra vez, aquella nefasta tormenta... la que todo lo destruyo.
Y si es el karma del que sabe,
y si es la maldición del que escibe,
recordar perfectamente por que todo concluye.
El marmol fue violentado... y la espada fue del constructor. |