El monstruo mi padre la niña su hija mi hermana
la niña, violada
gritando gritaba (su miedo, su llanto)
no quería ella que su padre me golpease porque no viera yo la bestial maquinaria del recuerdo imborrable imprimiendo por siempre su espanto de niña su hija mi hermana, el monstruo mi padre, su puerta, cortinas y cama
mi hermana asustada, rosa el calzón
como en navidades
y mi madre la pobre sonríe sin gracia
su espanto
su entrega
de veras su noche tan mala
mujer sonreída y apenas, como quien busca cumplir con la foto y el gracias, hasta después de las fiestas que vienen si todo va bien y mi hermana gritando su monstruo mi padre su niña la hija y mi tía que odiaba aquel perro ladrando en el patio
o tal vez no había perro
y mi hermana la niña la hija del monstruo mi padre lloraba su espanto al hueco de un patio de rojas baldosas sin perro sin eco sin nada por Dios, excepto las frutas de yeso en la mesa su centro y canasta de mimbre, carpeta al croché, la falsa memoria de un vaso con agua y en la superficie cruzando tres naos la mar
encontrar/descubrir/ejercer/cambiar
una nueva última tierra, el calor, los mosquitos, el sexo florido de una hembra con lengua distinta y amiga
dorada de sol sin ladridos
que la onomatopeya del perro ladrando es ridícula y a punto estuve de escribirla casi una o dos veces, quizás la del gato hasta quede más linda y se deje decir con voz nueva y agrado, no como el perro de mierda que teníamos o ya no teníamos o que tendríamos después y que no ladró, o que nunca tuvimos y por eso, aunque no había en casa quien no se jactara por lo bien aprendido que el perro estaba, lo mucho que entiende el mundo su mundo y el nuestro también, que se jactaban o lo jactaban a él frente a los demás que siempre también y a veces hasta por igual son mundo, pero el perro no había sido enseñado a ladrarle a los monstruos como se ladra una denuncia en una plaza o se vomita un camello y mi madre decía ese perro me va a destrozar la ropa colgada, la camisa el pantalón el calzoncito rosa de la niña mi hermana como en navidades pero sin nada que festejar
hasta que un buen día un mal día qué importa el tipo va y pide un crédito y pone una escuela de adiestramiento canino especializado en ladrar monstruos, banco de la provincia papeles firmas y averiguaciones
buscar local
marquesina
adiestre a su perro contra monstruos no sea inconciente si tiene una hija no espere a lo tarde
marquesina, neón, oscuro, neón, oscuro, neón, oscuro y así Agostina me llenaba la paciencia de quejas
que el negocio no iría
¿por qué?
de dónde sacarás monstruos para que los perros aprendan
mi padre la niña su hija, yo le decía
recuerdos, decía ella
el nombre también de un café donde una tarde y verano a cerveza y cerveza tres cervezas, el refugio del lenguaje como un trozo hueco de algo guarecido del miedo
y yo le decía
odiosa mujer que no puede ver el negocio, los hijos que quiere, el viernes salir, las cremas pinturas perfumes navidad con calzón, es dinero
odiosa mujer ingeniosa
diosa del placer no placer de dónde los monstruos, decía en su lenguaje de no decir nada excepto ella,
odiosa mujer
y yo le decía
entre 1945 y 1974 se crearon monstruos en serie de cintas de montaje con brazos y brazos de monstruos más monstruos, buen sueldo y en cajas
el padre fumando (sonríe) su pipa
la madre cocina y escucha la radio
un nene
otro nene o una nena
el perro
la tele
el auto en la puerta la cerca el jardín Coca Cola
y vacaciones pagas, todos monstruos, todos padres
llenando oficinas fábricas ejércitos escuelas hogares camas cumpleaños navidades calzones camisas y patios, mal nacidos mal educados a la costumbre, confiados en la modernidad de sus instituciones, bichos que comen de Dios y cagan petróleo
en sus domingos de tarde y máscara
sus sillones de sábado inglés
con niñas
hermanas
con hijas, esposa y sonrisa
odiosa mujer, qué negativa eres, tus hijos, la universidad de tus hijos tu perro y tus monstruos,
dinero, no ves
la excusa maldita para no ir de vacaciones este año cada año, tu padre el trabajo la próxima vez
estaremos mejor, decía mi madre o la sonrisa de mi madre que era su cara, la de ella, tu abuelo vendrá en navidades con un calzón blanco, ese viejo de mierda arruinando el rosado color de la vida y ojala se muera de una o dos veces me haría un favor, siempre hablándole mal a tu padre de mi, esposo querido mi monstruo y mi alma, tan mal no los he criado, en las mejores familias, hijo
y me pregunto si mi padre se derramó como un pez dentro de la espantada estrechez de mi hermana la niña su hija
humedecida de sangre
sonriente, mi madre
quien busca cumplir: tan mal no los he criado en la foto
y ahí fui a Madrid y me metí a una disco
o eso después de pensarlo o pastillas (para ya no pensar), que es como ver a España en un mapa, a 15 centímetros de mi ciudad periférica en el culo templado del mundo
y Madrid
o no fue nunca, nunca nada jamás de los jamases pasando, lo que sea, algo
¿siempre inconforme?
el desequilibrio reniega del orden
el hecho
la acción sin lenguaje
ni tregua
el tiempo, el sitio, la posición
la geografía de la historia, niña: salvate desde aquella otra tarde siempre única de frutas de mentira de yeso del perro que no ladró la denuncia en su patio mi patio, escapate por este mapa de pastillas donde a Madrid la separan 15 centímetros de casa, y no mueras una muerte adolescente que ya me va quedando vieja ahora que he cumplido que cumplo los años lejanos de entonces, una lejanía al revés donde yo el de entonces me miré a mí el de ahora sin conocerme, ¿diré mejor intuirme?, pero imaginando, imaginando mucho mientras mi hermana su padre la niña
que duró su tiempo; dos aviones o tres
y muchos frascos algodones parientes de nadie y colchón de hospital donde un manojo de imprudentes me babeaban las ideas de escapar, salir, tomarme el mapa con un vaso de agua donde tres naos descubren el sexo florido de la hija de un monstruo
la niña que implora por favor no papá
el monstruo que embiste, sacado de sí por entrar como un pez
un lagarto blanco, durísimo
en el recuerdo de un circo, un museo, una tienda, recuerdo a medias o malabar de un no recuerdo de nuevo tras el vidrio de una pecera sin peces sin agua, lagarto blanco con ríos azules de tripas latiendo en su ojito curioso de luz saltarina en su redondez
y las piedras del fondo y las plantas y el tronco donde existía un lagarto me digo y recuerdo, o recuerdo nada, en su mundo que es este también
mi mundo su mundo el de mi hermana pero con mi padre su monstruo la niña
de este lado del vidrio
en su tronco, doctor
¿su hermana tal vez?
no mi hermana muerta de una muerte adolescente hace los años que ya me quedan por detrás de esta vida de perros
de blanco
de monstruo porque quiero a mi madre y hago sufrir a mi madre por quererla, odiosa mujer de navidad y crucifijo y ungüentos y velas y sus perros no perros con los cuales hablaba desde la mañana temprano, cuando mi padre era un perro que ya no estaba y ella me sacaba a la calle porque viniera su amante que no me quería con un lagarto blanco entre las piernas durísimo a descubrirle su sexo florido de mujer que sonríe en la foto y cada martes me da una serpiente sin cabeza retorcida en un pañuelo,
no la comas hasta que el hambre te muerda, tan mal no los he criado
si madre
mal hijo, qué le has hecho a tu hermana
si madre, y a veces me robaba una fruta de yeso que arrojaba a los autos porque chocasen y murieran así sus hijos de mierda
su escuela
su bandera
su Dios por el culo bien muertos todos, su patria lamida de sangre que es también mi patria la patria del mundo del monstruo el jardín bien florido
sobre piedras tras un vidrio
manchado de ojitos curiosos que lloran y piden no me mates, no me mates, no me mates
hijo de mi alma por favor no papá
como un pez desarmado sin coraza sin escamas bajo el filo del cuchillo de mamá no mamá, la madre de Pablo
¿verdad Pablo que desde allá se ve la inmensidad como un pájaro?
tu madre se espera y escucha en tu estrella de ojo curioso de vidrio muy negro donde estalla una esfera de luz
bajo la lluvia, costa
a veces palabra
y la rueda de un triciclo que te rompí porque en cierta forma te odiaba, Pablo
yo
el hijo patético de un monstruo del suyo mi mundo
te odiaba
en cierta forma como una esfera de luz que estalla en la rueda del triciclo en el suelo del patio y baldosas rojas o tal vez otro patio pero siendo el mismo patio de baldosas rojas siempre rojas para mí donde sueño otros patios floridos con un sexo nuevo de agua en domingo
mujeres de tiza se lavan y van
hasta la próxima lluvia
con terraza blanca donde brote el tallo de un naranjo en la sangre de un beso tu boca que muerda imaginada
del lado de allá
cuando el que fui no me miró mirar el vaso sobre la mesa su agua su tierra
y mar océana
palabra de Dios, te juro por la memoria tuya
¿Por qué hay memoria en la muerte, Numia?
o es algo que me digo como un cuento
un perro
un patio
un vaso con agua
hay memoria de la muerte tu muerte muchas veces
tras un vidrio
pero qué podrás decirme de ese lado de allá, Numia niña verdad que me perdonarás decir tu nombre aquí, donde los vivos?
Dos, tres aviones; claro que cuatro y los rostros que me babeaban las ideas de salirme de este mapa masticando o meterme un tiro, te juro.
Llenar el cargador de pastillas.
En el pecho el alboroto, la cifra de lo incierto y puta madre, tus hijos que tan mal no los crié,
Numia
te estoy hablando, verdad que me perdonarás decir tu nombre o tu amor
¿hay amor en la muerte niña?
¿lo hubo antes aquí o sólo tuviste lagarto blanco gritando durísimo entre las piernas de papá mientras ella sonreía?
mamá me daba una serpiente retorcida en un pañuelo, Numia
y no quieras saber que una vez le conté los cuernos al vagar por la calle con aquella campera azul que me inventaba cuando jugábamos en la habitación donde escondías cada vez una flor de papel en los cajones porque nos diera perfume
su perfume del mundo que era nuestro mundo su mundo
como en tu cajón de la muerte con flores no de papel con flores de llanto, de vieja, de lagarto en su tronco sangrado
niña Numia sin nombre mi niña mi hermana, dame algo una idea una flor que me corte me muerda una mano como un perro que no ladra y por eso me muerde con dientes de serpiente
dormida en un pañuelo
hasta que el hambre.
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