I
Mira, la noche está iluminada por la luna, parece una escena pintada en colores azul oscuro y plata. El río responde con un resplandor centelleante, y si lo miras con un poco más de calma te darás cuenta que las centellas que desprende no son más que el producto del movimiento constante del agua… a donde va? Avanza muchos kilómetros y se va a perder en la costa, cada segundo que pasa el río es nuevo, nunca las mismas aguas habrán de volver a cruzarlo.
Pero detente… ¿escuchas? Los grillos, las chicharras y los potoques no dejan de cantar. ¡Caramba! Que ruidero hay en la selva, ¿acaso nunca descansa? Que si por la mañana el gallo de don Pedro, que si en el día la música de banda y esas otras extrañas melodías que escuchan los campesinos, la gente pobre… a Arturo le encanta cantar mientras cocina para nosotros, y todo el día se la pasa peleando con los chamacos y las señoras. Porque sólo Él sabe cocinar, ¿¿acaso no sabes que el aprendió a hacerlo cuando trabajaba en un tugurio de la ciudad de Campeche?? Si nos contó, fue en aquellos días que decidió irse de ese pequeño caserío cuando se dio cuenta que era “diferente”.
Y en la noche! Ja! La manada de mosquitos hambrientos presurosos por vivir la vida, porque esta ¡¡¡solo dura para ellos 24 horas!!! Mejor me meto bajo el pabellón de mi hamaca así evito quedar llena de ronchas por todo el cuerpo. Y cuando al fin decidimos apagar las luces de nuestra instalación de energía solar… escuchamos de nuevo a los grillos, las chicharras, y lo potoques.
… en que estaba?? Ah! Si, la luz de la luna. ¿Te conté que la luz de la luna me gusta más desde que en una ocasión dormía en mi hamaca y desperté a medianoche? Un espectáculo bello, la luz se filtraba por las rendijas que dejaba la construcción de madera del campamento… se metía por mi pabellón y jugaba con el tejido de mi hamaca –que has de saber es la misma que uso desde hace 12 años, de buena calidad y en colores naranja y rosado, algo descoloridos ya, por el paso del tiempo-, los grillos aún no dejaban de frotar sus extremidades y me quedé callada, primero porque escuchaba los ronquidos de mis compañeros, segundo, porque temía llamar la atención de algún travieso aluxe que vagara por allí y tercero, porque la poesía despertaba mis sentidos.
No se en que momento me quedé dormida.
II
Cada Día el despertador nos llama a las cinco de la mañana, la onda es levantarse pronto y correr al baño, aún no estaba lista la habitación “de lujo” del campamento, que así le decíamos porque era de madera fina, piso de buen cemento y baño adentro, nombre, todo un suceso en aquellos rústicos lugares. Por tanto había que hacer fila para el baño.
“Buenos días” me dice Ernesto cuando nos cruzamos en el camino. Me divierte escucharlo con su voz ronca, la que tenemos algunos justo cuando acabamos de despertar. Yo espero turno afuera de la cocina con mi lámpara en mano, me da miedo que por allí ande arrastrándose una anaullaca, y no sea que la fuera a pisar. El baño esta detrás de la cocina, subiendo un pequeño montículo natural. Es de madera, cemento y un rotoplas enorme esta sobre su techo de lámina. El agua siempre fría, pero en aquellos calurosos caminos, después de un día de trabajo, se agradece enormemente la falta de calefacción. –Jajajajaja es que los que vivimos allí también nos lavamos el cerebro.
Tomo algo ligero, un vaso de leche, unas galletas y a subirnos a la camioneta, que hay que llegar al sitio antes de las seis de la mañana. En el camino se van anexando y llenando la pick-up los trabajadores con los que exploramos las pirámides.
Los amaneceres en El Tigre son bellos, sobre todo en diciembre, cuando hay mucha bruma, y esta va descubriendo poco a poco los grandes montículos que hace cientos de años construyeran los mayas en aquella región. Y cuando la bruma pasa, los primeros rayos de sol pintan de amarillo los potreros.
III
… andaba doña Mari pinte y pinte las juntas lisitas de cemento fresco que dejaban los albañiles entre cada piedra, y mientras ella pintaba y yo dibujaba, me contaba su vida, que si Manuel se fue de borracho, que si los hijos no quieren ir a la escuela, que no me acerque a determinados árboles porque la savia que sueltan es como fuego, quema la piel. Ese árbol del que me habla es el Chechén. Y que todos estaban contentos y agradecidos que los arqueólogos estuvieran allí trabajando, porque cuando menos 4 meses del año tenían un ingreso seguro, comida de ley todos los días y tres veces al día, con que sólo fueran empanadas de frijol y pozol, porque cuando los arqueólogos se van se acaba el dinero, y regresa el hambre.
Reyes es un desastre, algunas veces después del almuerzo lo veo con los ojitos raros, algo enrojecidos… y me acuerdo, “este condenado ya se fumó su mota”, tiempo después descubro que no es el único en la excavación que lo hace. Una vez llegó crudísimo y el sol pegaba duro esa mañana, ni una bendita nube que nos diera unos minutos de descanso… nomás me acuerdo y me da risa, pasaba yo vigilando el trabajo de los muchachos y le veía sudar la gota gorda, me miraba todo suplicante “dame cinco minutos Adriana” parecía que me decían sus ojos, y yo nomás fregándolo: ándale, chíngale al trabajo.
IV
Hoy es el penúltimo día de trabajo antes de retirarnos a casa a pasar el fin de año. Candelario y Pepe terminaron la construcción del palacio, y he sido nominada para inaugurarlo junto con Angélica y Teri, así que las chicas llevamos una semana durmiendo allí. Me senté en la escalera del portón que dejaron –para que las muchachas se sienten a descansar mirando el río-, dijo don Pedro, el señor que cuida el campamento y de paso nos cuida a nosotras.
Ese señor me da harta ternura, parece mi abuelito. Me cuenta historias de su vida cuando fue cazador de lagartos, y me enseña a distinguir los diferentes sonidos de las aves, me desea buen viaje cuando me voy y me recibe con un abrazo cuando regreso. Una vez me llevó a ver lagartos, mas bien a escucharlos, porque era de noche, sacó uno pequeño del río, solamente para que yo pudiera verlo y tocarlo, el pobre chillaba mucho, pero no se quien tenía más miedo, si el escurridizo animal o yo.
Entonces te decía, me senté en el escalón a fumar un delicado sin filtro y tomar un trago…. De agua!! Es que el ron se nos había terminado, que remedio. Miraba el agua pasar porque eso me gusta mucho, me calma, y además porque en las tardes en el Tigre no hay mucho que hacer.
Y entonces paso, nunca lo había experimentado tan vívidamente, un sentido de plenitud, la certeza de estar en el lugar correcto en el momento correcto, una profunda paz… y Teri –su nombre completo es Teri Erandeni, cuyo significado en purépecha es bello amanecer- Hablándome con un rostro que identifiqué muy bien, porque era muy parecido a uno que yo tenía cuando aún era estudiante y llegué por primera vez allí, -los monstruos salen muy seguido estando aquí- me dijo fumando su cigarro, yo asentí con la cabeza –los monstruos te comen si no te pones abusado- le dije –pero no te preocupes, una vez que los dejes salir no resultan tan amenazadores- Me sorprendió mi respuesta, yo que siempre me la paso peleando con ellos, y aún así temo enfrentarlos.
V
Último día de trabajo. Hoy es día de fiesta, cerramos la excavación, pagamos la quincena, y estamos a orillas del río comiendo y bebiendo. Es la comida de fin de año que acostumbra ofrecer Ernesto a todos sus trabajadores y sus familias en esa época. En estas fiestas no me gusta comer con los arqueólogos, me siento siempre con los muchachos de mi cuadrilla, con los que trabajé por dos meses o más, contamos chistes, nos embriagamos, nos tomamos fotografías y al despedirnos nos damos un hasta luego.
De mi partida a mi regreso no pasan mas de 10 días, pero como nos veremos hasta el otro año, me da un poco de nostalgia.
No te creas, no todos son hombres “buenos”, la mayoría beben alcohol en exceso, y cuando están bajo el influjo de la bebida golpean a sus esposas y corren a sus hijos de su casa, algunos como “el chako” son traficantes de ilegales, pero aún así, les tengo cariño, jamás hubo un momento en que me sintiera amenazada, y en varios de ellos alcancé a ver en sus ojos un rastro de nobleza que la pobreza y la marginación no habían podido borrar completamente.
Sabes? Algunos de ellos aún me llaman por teléfono de vez en cuando para saber como estoy, me llaman desde Texas, Los Angeles o algún otro lugar en gringolandia, a donde se fueron buscando mejor fortuna.
Extraño el plátano frito con arroz de doña Chevita, la música a las 7 de la noche de Toño, los chistes de Juan cuando el sol del medio día nos quemaba la cabeza, el olor de la tierra recién abierta por un pico, y las tardes en silencio con Ernesto escuchando música…
Epílogo
Cuando llegué al Tigre mi pensamiento buscaba datos, responder preguntas, vencer retos intelectuales, cuando me fui de allí años mas tarde, iba llena de amor, de sed de permanecer siempre al lado de los menos favorecidos y del compromiso de dar a los demás el conocimiento que allí adquirí.
El mundo está lleno de puertas y ventanas, cuando una esta cerrada se abren tres, y lo que comenzó para mí como un saludo desde una ventana lejana y elevada, terminó siendo una puerta abierta de par en par en la tierra de los más pequeños.
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