Son casi las cinco de la madrugada en Madrid. Llega a las cuatro paredes que le han visto desenvolverse en estos últimos dos meses. Se siente sola. Ha pasado las últimas horas con rostros muy familiares, tres rostros que conoce al detalle, con los que ha agotado sus horas durante años. Una noche ahogada entre risas, recordando anécdotas, describiendo paisajes… pero sin dejar de pensar en ella. Su imagen grabada en la retina, anhelando el momento en que pudiera abrazarla. Un pasillo que esta noche más parece una trinchera infranqueable. El enemigo, su ausencia. “Unas horas” piensa… “sólo quedan unas horas”, y sonríe. El eco de aquel amor pasado se pierde en el vacío; lo que ahora siente inunda su alma, recorre cada centímetro de su piel, se disuelve en su sangre, le da vida. Suspira; y vuelve a sonreír. Es más feliz de lo que nunca imaginó. Ama más de lo que se creía capaz. No quiere perderla. 25 Noviembre 06 |