Antes creía que un montón de polvo
se esparciría pronto, y no sería nada,
que el llanto en sus ojos calaría hondo
y entregándole todo
no perdería su alma.
Antes creí que siempre -cuando caímos juntos-
bastaba mi mano para tenderle un mundo,
que un sueño mío era un trazo inmenso
aunque el dolor sabía amargamente bello.
Siempre creí que nadie
irrumpiría mi vida
cambiando todo eso
que antes fui y sería
que mirando en sus ojos entendería,
que tomando sus manos algo hablaría,
que rozando el delirio se escucharía
la voz que enmudecía, amor, que te quería.
Ahora sé que no valió tanto como sentía;
y mis frases temblaban
sin saber...
que era el miedo a dañar lo que temía.
Ahora sé que el dolor deja heridas,
que el mañana se pierde,
que los ojos no claman,
que mi alma no alcanza,
y era yo el polvo,
que se esparcía.
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