Una mentira en el crisol de la nada se prepara a esconder la lujuria de taparse la cara con los rayos del sol; nadie niega la razón del abismo sin embargo las ganas de engañarse juegan a favor del espejo que se quiere ver.
Negando la verdad del camino a tomar va el tropel humano por vidrios afilados confundidos a voluntad con hierba buena.
Las querellas del ayer son nada, se renuevan a cada invocación de negación de realidad, de uno mismo. Y la lucha vana por decir destino a la mera inclinación del autoengaño toma forma de movimiento filosófico; ¡cuán grandioso es ser famoso por decir a cara limpia el destino es elegible, cuando sólo se hace verdad cuando la resultante es perder!
Como forjando un espejo con barro, es la impotente verdad de los sueños fracasados de “querer” crear cuando ya está hecho y dicho lo que hay que seguir. La constante inconsecuencia de la secuencia humana de las mentes menores; mientras cierra y sella su puerta para esconderse en la Caja de Pandora, como el eclipse de la existencia o inexistencia de la autodestrucción voluntaria en el umbral de los futuros recuerdos regañadores.
Quejidos de injusticia irónicamente conformada y compuesta por los mismos hacedores de crónicas periódicas de jaques mates; como si la audacia de trabar la felicidad para sentir un culpable o inventar un dolor bastara más que cualquier motivo subyacente de brillar bajo la oscura luz del lado negro del destino inexistente.
Montañas rusas de delires consecuentes del asombro por salir rápido y nunca llegar por que no se ha partido, arrastrando la lápida de la culpa como virtud de alma sufrida, excusas de auto-redención para disimular el narcisismo implícito en las serias miradas simuladoras de pretendida inmadurez corroída por la redundancia.
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