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Inicio / Cuenteros Locales / incesto_macabro / LLOVER ADENTRO Y LAS CULPAS (intento fallido de ensayo semi-telúrico…)

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Es cierto que hay personas que se consideran gauchos, más por una inclinación falsamente tradicional y a todas luces conservadora, que por mantener un orden disciplinario consecuente con un accionar semejante al Santos Vega o Martín Fierro.
¿Cómo es un gaucho, o cómo debiera serlo hoy? Es más fácil especular al respecto, que recopilar datos de granjas o estancias alejadas de lo que se conoce como civilización; pongamos en una situación actual, un poco frívola a Don Laucha: ¿estaría recorriendo a caballo “leguas y leguas” de pampa para entregar una encomienda de invitación a algún casorio? Creo que llegado el día de hoy ya habría sido despedido por alguna empresa de logística especializado con rastreo satelital… OK, ya nos hemos desviado bastante, retomemos el camino que realmente nos compete.
El hombre de campo tradicional no dista del actual en cuanto a costumbres: reuniones, vino, asados, vino, bailes, vino, yerras, vino, no se que más y vino de nuevo; pero en lo que refiere a su naturaleza, el promedio actual se olvida de la mentalidad gaucha, lo que hace al gaucho real, hombre y “macho” como tal: no es alguien encajado en chiripas o bombachas, subiendo a una ford ranger 150 modelo 2003; no, tampoco es un ser marginal tratando de autodefinirse y de demostrar autosuficiencia a fuerza de golpes contra la sociedad que lo minimiza; es su tristeza, su eterna soledad acompañada por el pampero o alguna otra brisa de las pampas secas. Tristeza no de lo que perdió, sino de lo que nunca hubo ni llegará, una nostalgia de espejismos que persiguen la sombra de su andar errante, andar que es para perder a sus enemigos, que siempre lo siguen por que es él mismo.
A veces en las payadas, solían amedrentar a algún tertulio, no por mostrarse mas valientes, un gaucho nunca se ufanó de haber herido a otro, siempre brilla la defensa como respuesta; pero la eterna agonía del gaucho, ese río que crece por dentro y lleva mas piedras que agua, lo lleva casi siempre a querer, vanamente, dejar de ser en contra de su propio sentido de supervivencia; esos espasmos de sacudir las manos que suelen tener los que no saben nadar.
Entonces, ¿cuál es la culpa que lo persigue? Ninguna, son sólo hechos de tiempo en que todo debiera correr para el mismo lado, pero la estructura social depende del mantenimiento de las distintas capas que la conforman; aún así el gaucho se retoba, toma su caballo, o toma uno y lo hace suyo, para vagar, huir y soñar desventuras y vivir desmerecidos; componiendo en tres renglones un circulo vicioso de actos que se repiten sin dejar de perseguirlo, no es feliz, pero tampoco tiene una puerta para salir, no hay otros rumbos, no hay nada; igual que en la pampa, no hay nada adentro, y mucho menos afuera, solo soledad, eterna soledad.

Texto agregado el 06-02-2007, y leído por 3 visitantes. (1 voto)


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