El soldado y la dama ( Parte III )
Ya escuchábamos el retumbar de los cañones cuyas balas se acercaban ligeras a nuestras filas, cuando la caballería enemiga con el duque Enghien a la cabeza se lanzó al ataque con la intención de limpiar un bosquecillo donde al alba se habían atrincherado quinientos mosqueteros de los nuestros. La caballería flamenca cargó contra ellos y repelió el ataque.(...)
En un comienzo la suerte nos sonrió. Los jinetes del conde de Alburquerque obligaron a retroceder al enemigo; pero confiados por el éxito inicial avanzaron demasiado y se internaron como una cuña en las líneas enemigas que se cerraron tras su paso, y cayeron en la trampa: mientras los jinetes flamencos cargaban enardecidos, refuerzos de caballería francesa desalojaban a nuestros mosqueteros del bosque y atacaban por la espalda a la caballería flamenca, que aprisionada entre yunque y martillo no tuvo otra opción que huir en desbandada. En el flanco derecho los alsacianos interceptaron los ataques de los jinetes franceses. Incluso contraatacaron y salieron en persecución del enemigo. El conde de Isenburg observó exasperado cómo sus caballeros, ávidos de botín, se entretenían saqueando el campamento enemigo y entablaban combates innecesarios con la infantería de reserva Francesa. Con lo cual nuestros flancos quedaban sin caballería, ciegos y desguarnecidos.(...)
Me percaté de que estabas otra vez a mi lado.... Escuchabas asombrado los rumores lejanos de la batalla.... El retumbar de los cascos de los caballos sobre la hierba....Los tañidos metálicos de los sables en la lucha.... Los fogonazos sordos de las armas de fuego.... El relinchar de los caballos.... Los alaridos de los jinetes.... Te ordené regresar al centro del cuadro junto a Narváez.(...)
Los proyectiles de los cañones franceses volaban con un silbido sobre nuestras cabezas para caer de lleno en los tercios valones y alemanes que de repente se veían hostigados por la retaguardia. La caballería francesa en una genial y hábil maniobra había rodeado nuestras posiciones y los atacaba por detrás.... No pudimos acudir en su ayuda. La caballería francesa nos hostigaba por la izquierda y algunos de los nuestros cayeron.... No obstante resistimos bien. Un bosque erizado de picas ensartó a los jinetes franceses que cargaron contra nuestras líneas y las salvas de nuestros arcabuces y mosquetes aclararon sus filas....Y sin embargo a nuestra espalda los tercios alemanes y valones, aunque peleaban con bravura, se deshicieron tras varias cargas como terrones de azúcar. Los supervivientes se dispersaron o buscaron refugio entre las filas de nuestros compactos cuadros.... Nuestra única esperanza residía en los italianos y los de Borgoña.... Pero los italianos se cobraron con creces la afrenta de esta mañana y abandonaron en orden y con las banderas desplegadas el campo de batalla. Los borgoñeses menos numerosos y desamparados se unieron a la huida.... Aquello fue el comienzo de la tragedia....Los cinco tercios españoles se hallaron abandonados a su suerte y bien sabíamos que tras la deshonra de los italianos tendríamos que pelear solos y sin ayuda.(...) La caballería francesa estrechó el cerco mientras su infantería marcando el paso avanzaba hacia nosotros. Formamos un bosque de picas y aguardamos con el corazón en un puño el embate de sus lanzas ...Ya no íbamos a luchar por la victoria sino por conservar el pellejo.(...)
Me giré y me tropecé con tus ojos.... Habías dejado de sonreír... Me mirabas pálido, serio....Sabías que aquello ya no era más un juego.... La expresión sombría de mi rostro te lo confirmó.... Tú desviaste la mirada y empezaste a tocar un redoble tras otro, con arrojo, mientras Narváez te gritaba:
"Así, así muchacho, échale agallas al pandero, para que se enteren esos de que acero estamos templados los de Vicuña".
( Continuará )
Churruka, 16.03.2006 |