Las bruces del caballo humeaban y lucían amenazantes, tanto como los ojos que se habían tornado rojos; sólo estaba inmóvil, con el tronco del cuello hacia delante y una mirada extraviada dibujando algún punto extraño, lejano.-
Julián se plantó con los pies firmes, mirando por encima de sus propias cejas al animal, en actitud defensiva/ofensiva, claramente resuelto…
De pronto un extraño rebuzno, por decirlo de alguna manera, salió del jamelgo y arremetió de golpe contra el ahora domador; su hocico golpeó con fuerza el pecho del desafortunado quien cayó como catapultado por la fuerza explosiva de la naturaleza a seis metros del lugar de impacto, saltó y se incorporó de inmediato, el caballo seguía amenazante; intentó dar un paso, mas algo lo frenaba; vio su pecho y descubrió una apertura de la cual emanaba sangre, como un desbocado río buscando el desahogo y ocaso mismo de la vida, sus piernas empezaron a temblar, intentó decir algo, pero sólo salió un triste esbozo de gemido y se desplomó de pecho al suelo, y expiró.
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