Hay un fiel custodio que vela el sueño eterno de una mujer, aleja a los dragones que pasean su aliento sobre ese refugio perpetuo, es un valle al que alguna vez toco el sol… dicen que él le prometió paz a cambio de que ella le cantara cada noche las historias del ser de fábula que la enamoró…
Nostalgia en carmín y gris destilará mi alma, cuando cante la estrofa final, se me terminan ya las hazañas de aquel ser de fábula, no tengo más que contar.
Un circulo de velas iluminan mi lecho, proyectando con su magia oscura sombras protectoras, seres caprichosos que cambian conforme se consume la cera; siempre me despierta un coro de risas mustias que el viento entona, lastimándome las cavernas del pecho, con los recuerdos de aquel amor, recordándome aquel vestido de sol, que cae y cae a pedazos con cada nota de mi canto nocturno.
Soy un juglar solitario en este mundo abandonado, rodeada de niebla, tan solo protegida por aquella cueva de sucias paredes manchadas del pasado, en cada grieta se revelan las máscaras que siempre me han acompañado; tú, la más grande, la de mirada mentirosa, la que narró a mi oído miles de historias, de batallas, la que me recitaba amor en las noches, la que jugaba con mis venas, haciendo de mí una simple marioneta.
La oscuridad me invita a salir, es la última vez que la luna me otorgue un lugar a su lado; el viento gélido ondea los pocos pliegues de gasa vieja que me cubre, meciendo a la vez mis pupilas tibias, aún dulces pero resecas; ya siento la mirada de la noche que vigila los colores de mi piel, que de a poco se tornaron sepia, recordándome que solo fui el capricho en la mente de un Dios cansado.
Ya es media noche, nostalgia en carmín y gris destiló mi alma, bailé la última danza, liberé las estrofas que narraron la conclusión de tu viaje, fue ahí donde perdí la ternura, mis plantas sangraron tus pasos, los dedos abandonaron el calor de tu tacto y en ese silencio llegó el ángel de alas gélidas a ocupar el lugar que tuviste aquí, abrazó mi corazón recitándole en silencio, acunándome en su sonrisa perversa, me lleva lentamente al sueño perpetuo, acomodando mi cuerpo en el suave lecho.
Aire denso, brisa que corre muy fría, dicen es el dolor que dejo la esencia de la mujer al sumirse en el sueño que le prometió paz, para no sentir dolor por la partida de ese ser que la enamoró.
Hay un valle solitario donde se escuchan como ecos los lamentos de amor que dejo sembrados una mujer…
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