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El soldado y la dama ( Parte IV )
El soldado y la dama ( Parte IV)
Los cañonazos de los franceses arrancaban pedazos de nuestro cuadro en una lluvia de sangre y metralla. Y nosotros venga a mantener la formación haciendo de tripas corazón y esperando a que la infantería se nos echase encima. Cuando los franceses se hallaban tan sólo a dos pasos comenzamos a disparar a bocajarro. El encontronazo fue terrible. Nuestro muro de picas aguantó con firmeza la marea de sus lanzas, mientras a nuestra retaguardia más infantería y más caballería nos hostigaba con tesón.(...)
Yo combatía entre racimos humanos y nubes de pólvora como un poseso. Un ruido ensordecedor me rodeaba: gritos, aullidos, gemidos, sablazos, golpes y tintineos metálicos, salvas de arcabuces y mosquetes ....Las picas se quebraban con un crujido y percibía el inconfundible chasquido cuando penetraban en la carne y se tropezaban con el hueso.... Vi morir a enemigos y amigos.... Disparé hasta que la pólvora de mis doce apóstoles* se agotó... Entonces desenvainé mi espada y la vizcaína* y repartí tajos a diestro y siniestro.(...)
Los franceses se replegaron decididos a lanzar otro ataque.... La victoria era suya.... Su artillería nos bombardeaba sin pausa negándonos cualquier respiro. Era el tercer salto consecutivo al que resistíamos. Los tercios de Castelvi y Velandia habían sido aniquilados, sepultados por las masas de infantería francesa que ahora se dirigían hacia nosotros. Los tercios de Garcíez y el de Mercader así como el nuestro, el de Villalba, aguantábamos a duras penas. Y sin embargo no nos hacíamos ilusiones.... No podríamos resistir por más tiempo.... El conde de La Fontaine y casi todos los oficiales habían muerto o abandonado el campo de batalla.(...)
Antes del último y decisivo ataque, con el rostro sucio de sangre y hollín, me acerqué junto a ti y busqué la manera de consolarte... Porque ya no tocabas el tambor, temblabas y llorabas como lo que eras, como un niño... Intenté tranquilizarte:
“Escucha Gonzalo ¿ Ves ese carro volcado?”
“ Sí “... Me respondiste tú con tu voz de pajarillo.”
“Bueno, pues te metes ahí debajo, entre la lona desgarrada y te escondes.... Yo luego te vengo a buscar...Y si por algún motivo no apareciera tú esperas a que anochezca y cuando todo esté en silencio sales del carro y te vas en la misma dirección en la que sale el sol, y luego te unes a las primeras tropas que hablen nuestro idioma. ¿Me has entendido? “Esto dije mientras oía a mis espaldas como la infantería enemiga se aproximaba.
“¿Y tú?” Respondiste tímido. Tu mano menuda acariciaba mi hombro herido por la metralla, por donde manaba la sangre y me empapaba el coleto*.
“ Por mí no te preocupes, es sólo rasguño.... ¡Venga, vete al carro! Y no salgas por nada del mundo... ¿ Me has entendido?” Te ordené....
Tú ni siquiera respondiste. Tomaste tu tambor al vuelo y corriste hacia el carro....Y yo con un suspiro regresé a primera línea a vender cara mi vida.(...)
Con el cuarto asalto, acosándonos la caballería por la retaguardia y con su infantería en los flancos, se rompió nuestro cuadro.... No me acuerdo de mucho Gonzalo.... Sólo sé que al final las dos docenas de supervivientes de Vicuña combatíamos como alimañas acorraladas entorno a nuestra bandera. Nos defendíamos a cuchillazos, a patadas, a mordiscos, hasta que nos mataban.... Vi caer al capitán Narváez con la espada en la mano. Un disparo certero le voló la tapa de los sesos y cortó en seco sus arengas que tanto valor nos habían infundido; y a mi amigo de la infancia Martín Astigarraga atravesado por un pica, que con las manos intentaba cerrar el tremendo boquete por donde se le derramaban las entrañas; y a Rogelio, el hijo del boticario, que antes de morir degolló al francés que de una estocada le había traspasado el corazón.(...)
Apenas quedábamos unos pocos cuando escuché el redoble de un tambor.... Era el tuyo....¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué saliste de tu escondite desgraciado? Allí estabas tú dándole al tambor junto al abanderado Ochoa que mal herido continuaba peleando hasta que lo remataron.... Y luego esos malditos, ciegos de rabia, fueron a por ti....
Con un alarido corrí a tu encuentro... Sorteé a los enemigos que se cruzaban en mi camino y me abrí paso a mandobles... Acuchillé a esos desalmados que se habían olvidado de que tan sólo eras un niño... Pero llegué tarde.... Tú te desangrabas a mis pies con el tambor destripado a tu lado. Ya nada me importaba... Me arrodillé y tomé tu cabeza entre mis manos.... No oí la explosión detrás mío y cómo un objeto me golpeaba en la sien.... Antes de perder el sentido me arrojé sobre tu cuerpo... Deseaba protegerte.... Mi vista se nubló, pero aún pude contemplar tu rostro; cómo tus ojos se agradaban en una mueca de asombro para convertirse en unos instantes en dos espejos vidriosos.... Y mientras la oscuridad me envolvía todavía alcancé a escuchar tu débil vocecita:
“¡ Gonzalo, Gonzalo qué frío tengo!... ¿ Dónde estás?...No puedo verte”(...)
¿Por qué tú y no yo?... ¡Qué horrible despertar sepultado entre cadáveres!...¡ Y el tuyo uno más!... ¿ Y qué haré ahora?... Apenas he tenido fuerzas para arrastrarte a este bosque a salvo de las patrullas enemigas.
(Continuará)
* Coleto: piel de buey semirígida que se vestía sobre la camisa y ofrecía cierta protección ante las armas blancas.
* Los doce apóstoles: una bandolera de la que pendían las cargas de pólvora en doce estuches de cobre o de madera.
* La vizcaína: daga larga que permitía combatir cuerpo a cuerpo.
Churruka, 16.03.2007
Texto de churruka agregado el 10-02-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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