Se oye el susurro de su andar, pies sibilantes y escurridizos. Destruyen la fuerza de las rocas, su meteórica fortaleza, y no hay quien las detenga. ¿Quién, si a su paso todo es arrasado? Y aquí la sostengo, en la palma de mi mano, y nada ocurre ante su calma. Es todo aquello necesario para la vida, pues sin ella jamás existiría. Es parte del aire, y de la tierra. De los cielos, y de su infierno. De todas y cada una de las personas del mundo, de los seres del mundo; lo que buscamos en el resto del universo. Aquello que sería capaz de esclavizarnos los unos a los otros. Aquello tan insignificante, que es el tesoro más brillante del mundo.
Los incendios provocados, las emociones sobresaltadas; el unir de dos ríos una misma corriente, que es capaz de despertar en nuestra mente los más altos designios de felicidad. Aquello que nos trae amor, y también odio. Todo su ser se comparte; se manipula, y cambia con el mundo. Pero jamás perece, porque es inmortal, invencible; algo que jamás podrá dejar de existir hasta que todo haya sido aniquilado, y sin la cual todo es inútil para la esperanza. Nos encanta sentirla en nuestro cuerpo, manar de ella, saltar, adentrarse en sus designios; mecerse en sus olas nos trae la paz.
Cuánta vida, en algo tan cambiante. La memoria de todo en su alma la lleva, y cuando nos siente y la sentimos dentro nos transmite todo aquello en el mundo. El subconsciente y nuestra ignorancia son el escudo protector para esa sabiduria ancestral de lo inmutable. Que caminen sobre ellas, si queréis creer en alguien, porque ella seguirá imperturbable ante su paso.
Es el as en mi baraja, la lágrima de la luna y del sol; ni frío, ni calor...solo un lugar acojedor. Desnuda ante todos; desnudos todos ante ella. Que todo lo iguala, y deja las glorias fuera. Y no distingue a reyes y a pobres; a los dos les ofrece, como a todo ser, aquello que tiene. Todo.
Es el canto de los necios, es la suerte de los creyentes; es una dama..., es la lágrima de los ángeles. Es agua. Es vida. Es voz. |