Epístola
Es difícil iniciar esta carta, tan llena sensaciones. Pero ¿Sabes? Quise hacerlo como antes, cuando nos escribíamos de puño y letra.
Encima de la cama en una amanecer, luego de un desvelo, o en el banco de una plaza. En el escritorio con las lágrimas cayendo por mis mejillas con el espíritu lleno de ilusión. Aquellas letras que a ratos eran claras y luego difusas con un lápiz improvisado e inquieto que se movía al ritmo del corazón.
No eran tiempos de Messenger, ni mensajes de texto en los celulares, donde todo es tan rápido que ya no existe la sensación de espera y ansias. Como cuando te acercaba y tomabas mi mano dejando en ella un papel doblado, esa espera llena de complicidad. Las esperas del cartero, que hoy, solo trae deudas por pagar, ¿Dime hoy en día quien recibe un manuscrito por correo en su casa?
Pero como dicen, es parte de la globalización, ¿Alguien alguna vez ha calculado los costos? ¿Ha hecho una investigación exhaustiva de costo beneficio, ganancias y pérdidas? Probablemente no y si fuera así, no se publicarían por no alarmar a la población, ¡Ja! Como si la población se alarmara ya por algo. Hemos perdido absolutamente la capacidad de asombro y nos da igual si le disparan a alguien, o si una niña de siete años se suicida.
Y es así que dentro de toda esta compungida tristeza te escribo nuevamente como hace años no hacia, tengo tanto que contar. Aunque sabemos que eso no es lo mas importante, de hecho muy pocas veces en nuestras cartas conversábamos de situaciones cotidianas o domesticas, estábamos en otro plano, aquel donde solo las letras te llevan.
Quizás es esto una despedida, pero mas bien un hasta luego, nadie sabe lo que ocurrirá, ambos sabemos que el destino es inquebrantable frente a este tipo de vulnerabilidad del ser humano. Esa vulnerabilidad que odio, por lo mismo, porque es absolutamente indomable y te cala mas hondo que la soledad.
Se que entenderás en nuestro próximo encuentro, cuando con desconcierto recibas en tus palmas un trozo de papel doblado, el que guardaras junto a aquellas hojas, que seguro ya están amarillas.
Y ese día solo sonríe, a pesar de todo, sonríe.
Por que ya no habrá mas cabida a las lágrimas.
Recuerda que una vez dijiste que las lágrimas manchan las hojas y se esparcen en la tinta como un corazón lacerado, deformando las letras que representan tu alma.
Simplemente lee y sonríe.
Porque en este último párrafo
te doy mi aliento.
|