“La risa de Gandini, cuando dejaba de tocar, me hacía que pensar en la mítica sordera de Beethoven había sido la primera elección de un artista ante la creciente presencia de la cultura de masas como infierno sonoro”.
En Retrato del artista, de Ricardo Piglia.
1. Los gúrus de la filosofía anunciaron hace poco la muerte de la “masa”, ese sujeto colectivo movido por la exacerbación instintiva de lo más primitivo. Con ello a la mierda la teoría de Freud que establecía que para constitución del sujeto individuo yo, primero debíamos atravesar ese estado de experiencia de masa. Así que estamos en pampa y la vía, señores, experimentando eso que ahora llaman “el trauma generalizado, la angustia generalizada que se instala a partir de la expropiación de la experiencia”.
Me vienen a decir estos primos que ya no experimentamos nada como propio, que somos la masa de la no experiencia, “la materia prima, en su desamparo organizado, ideal de todo experimento totalitario y/o mediático” y esto resulta casi una burla. Porque verá usted que hace rato tenemos bien sabido que somos la carne de cañón de cuánto proyecto político-mediático se precie de tal.
Un amigo por ahí dice que el mundo se va a la mierda y nosotros con él, y no poca razón tiene. Qué dengue, qué alerta por cambio climático, qué revuelta por la reelección, qué gripe aviar, qué nuevo tsunami, qué el precio de la carne, qué la canasta básica, qué las papeleras, qué el Niño y qué ocho cuartos para la vorágine de palabras tiradas al reverendo cohete en la mesa de un bar.
Basta con mirar un poco alrededor para darse cuenta de que lo está bien, está mal; y lo que está mal, está doblemente jodido.
2. Antes, uno asistía al cine para la invención de lo imposible, de un mundo mágico que quizás, y según el talento del director y el guionista, nos transportaba a una dimensión desconocida.
Con Babel, la última película de Alejandro Gónzalez Iñarritu, olvídelo. Y no es que no se ponga nostálgico y añore esa invención de lo imposible, sino que sucede un proceso totalmente inverso: el arte como pantalla de diagnóstico de la realidad.
En el film de Iñarritu uno asiste a la realidad de cualquier lugar del mundo, sea Marruecos, Tokio o Paraguay. Y una vez más, uno confirma esa sensación a la que venía haciéndole el ñembota: carajo! que estamos cagados y por tamaña estupidez.
Iñarritu, en un movimiento de petei empanada semiótica, nos muestra un pedacito de las múltiples aberraciones, por la incomunicación y mala interpretación, que cada uno de los habitantes marginados de este glorioso planeta sufre en este mismo instante en que se imprime esta letra y usted me lee.
La idea final que me queda es: no visitar jamás Tokio y pucha qué era grande la sordera que nos afecta.
3. En Paraguay, un ex comisario de la dictadura stronista alega en su defensa que no pueden acusarlo de cometer crímenes de lesa humanidad y tortura porque eso no estaba tipificado en el Código Penal, nambré.
En Argentina, Luis María Mendia, el ex comandante de Operaciones Navales, ideólogo de los vuelos de la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), se defiende diciendo que sus hombres cumplían órdenes en la guerra contra las organizaciones subversivas y terroristas.
Si bien es claro de un canuto que se piante con una de estas, lo interesante de la cosa es que la declaración de Mendia trae a colación la responsabilidad que le caben a funcionarios del gobierno de Isabel Martínez de Perón, al haber dado el poder a las Fuerzas Armadas Argentina para el aniquilamiento del foco subversivo en el país, allá por 1974, dos años antes del golpe.
Y como en todas las cosas de este calibre, hay que medir la voluntad política del pingüino para pedir de una vez por todas la extradición de Isabelita y el juzgamiento de personajes del peronismo como, Italo Argentino Luder, Carlos Ruckauf y Antonio Cafiero.
Hay cosas que a la nostalgia y la tradición le cuestan aceptar y para muestra está la declaración de una detenida. A saber: “Es grotesco que digan que obedecían a esos infames decretos de Isabel Perón. ¡Ellos la derrocaron! Los militares hicieron el golpe del ’76 para tener el monopolio del accionar represivo de la Triple A, básicamente porque sus proyectos iban más allá de asesinar a sus enemigos políticos. Ahora tratan de aprovechar esta lucha por la memoria en Argentina para encontrar algún recoveco para zafar”.
El estómago se me revuelve de estupidez ante las palabras de esta mujer detenida y torturada en la ESMA. ¡Pucha, carajo!, que los mitos del peronismo siguen tan vivos como para ensordecer y enceguecer el juzgamiento de todos, pero todos, los verdaderos culpables de los crímenes del golpe.
Y uno se empeña en seguir las noticias, en ser un ciudadano informado en este mundo moderno de nuevas tecnologías, celulares, periódicos electrónicos y pea que amoa. Entonces se leen los diarios, se asiste al show de la televisión. Todo como detrás de un vidrio y nosotros sin martillo.
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