La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - albertoccarles - '1926 Primera Edición (II parte)'
1926 Primera Edición (II parte)
EPILOGO
“Al cabo de unos pocos días vividos como una sombra, atufado por cualquier sonsera, abandoné sin más dilación la casa principal, encontrando un lugar aparente en el rancho de Don Segundo. Era poderosa allí la sensación de su presencia, y colegí que sólo obedeciendo a esa sugestión vería, tal vez, el otro lado de la taba. Además, la cercanía del campo de los Galván me facilitaba la amistad, ya consolidada, con Raucho. Era él quien me oficiaba de ladero en mil tareas, siempre alegre, siempre bien dispuesto. Cuando no estaba con el silbido en la boca, era entonces la palabra necesaria. Pasé, sin embargo, varios meses taciturno, forzando la voluntad para la ejecución cotidiana de los actos más simples, aunque no le mezquinaba el cuerpo al trabajo, ya que trabajaba duro y de sol a sol (a veces antes que amaneciera estaba en los corrales terminando de ordeñar, o recogiendo animales en algún potrero que traduciría, luego del aparte, en una tropita, o injiriendo alguna soga a la luz de la lámpara). Así ocupaba el tiempo, y además atendía personalmente a mis potros,oficiaba a la fuerza de alambrador, obligado por el daño de alguna hacienda chúcara, y terraplenaba bebederos, siempre sumiéndose en peligrosos barriales. Buscábame Raucho para corrernos en yunta hasta Buenos Aires, pero no me decidía a acompañarlo. Había perdido también la voluntad de viajar y conocer, quizá por temor de alejarme de los campos que todavía me aseguraban con patente certeza la figura admirada de Don Segundo. Yo había sido como un instrumento en sus manos, y algún día empezaría a tener sonido propio. Tal vez. Aún zumbaban en mis oídos algunas de sus palabras: ¡Dejá, no más, que al correr del tiempo todo eso será tuyo! Y no se refería a la tierra, ni a la hacienda, ni a las casas.... sino a las cosas de adentro. ¡Si sos gauncho de veras no has de mudar...! Y así presentía que, por momentos, iba siendo. Instruido por mis cabales, hasta llegué a percibir la diferencia entre un cajetilla agauchado y un gaucho acajetillado: Además del origen, estaba en el ánsia de libertad; en la necesidad de traspasar el límite del alambrado y encarar sin retorno al callejón, poseído por esa indefinida voluntad de andar. Ciertamente, realicé que yo era hombre del otro lado de la tranquera; en cambio Raucho, malgrado ser muy viajado y conocer mundo, era por demás del lado de adentro."
"Había días en que me parecía ir moviéndome en el aire grande que me caía de todos lados en el cuerpo, como cariño, galopando campo abierto, mientras un vientecito suave se colaba entre la ropa y unos teros, allá arriba, me gritaban su alegría. Otras veces sentía ir como dormido, y entonces la soledad me corría fría por el espinazo; sin voluntad para el movimiento, quedábame sentado en el patio como pan que no se vende, mientras el agua de la pava se iba enfriando de puro aburrida, y la mirada se deslizaba sin detención sobre el campo que nada quería saber fuera de su reposo, durante esas tardes en cuyo silencio el crepúsculo comenzaba a suspender sus primeras sombras. Sentía que estaba mudando el destino de la nube por el del árbol, esclavo de la raíz prendida sin remedio a unos palmos de tierra. Pensamientos lúgubres atenazábanme el garguero, con la memoria extraviada en un pozo de tristeza, hasta que el familiar sonido del cencerro de Garúa me alejaba de mis cavilaciones, llamando desde donde estaba recostada la tropilla, y mi atención tornábase sutil al escuchar el conocido tintineo. Entonces volvía en mí, para sentir profundamente que el orden de las cosas dábase como debía ser, y lo que viniera, llegaría por sí solo, en el natural devenir."
"Estaba una tarde de esas cosiendo una cincha y, sin luz suficiente, luchaba con la lezna y el tiento algo reseco; con pasión lo mordisqueaba, pero no agarraba blandura, pudiendo luego escurrir los puntos. El sol ya se escondía detrás de los apretados paraísos, y la tropilla esperaba sin impacientarse, comiendo a un costado del corral con la madrina maneada. No había dejado nochero, así que abandoné la costura para mejor oportunidad y me incorporé con pereza del banco. Tantié la tabaquera en el bolsillo de la blusa, decidido a armar un buen cigarro; cargado en demasía, no terminaba de cabecearlo. Lo prendí y con el fósforo adelante busqué la lámpara. Entre dos bocanadas de humo como para ahuyentar a todos los mosquitos del patio, ví a través del azul brumoso que la tropilla se arremolinaba. Los caballos habían dejado de comer y, con la gramilla en la boca, alzaban la cabeza como respondiéndome a un chiflido; las orejas, rígidas, apuntaban en decidida señal hacia lo de Galván. El cencerro de Garúa desparramó un tropel de notas con generoso desborde, mientras la yegua buscaba inquieta la posición de sus compañeros. Depués relinchó con una alegría que me estremeció desde los sobacos, dejándome en los brazos un reguero de piel de gallina. Pegué otra pitada fuerte y me ejecuté para afuera. Alguien venía llegando desde lo de Galván. .. ¿Don Segundo? Forcé la vista cuando mis ojos dudaron con la semblanza del ginete. No, no era él. Un paisano joven se arrimaba al tranco manso, con la tropilla por delante. Me acerqué a la tranquera, intentando conocer al visitante. Garúa volvió a relinchar, levantando las dos manos hacia la tropilla que se avecindaba, y dos caballos se desprendieron de ella para ir a refregar, gosozos, cogotes y cabezas con mi madrina. Eran, no más, el lobuno Orejuela y el bayo Comadreja. Sentí un contento indescriptible al reconocerlos. Los recuerdos se me atropellaban como tropa en un bebedero, y pité hondo otra vez, acercándome al paisano rubio, de porte desgarbado... que no era otro que Patrocinio Salvatierra."
"- Hermano...¡Bienvenido a las casas! Pero...¿qué andah' aciendo por estos pagos?
¿Qué te trai por aquí? ¿Pasiando? Güeno... meno preguntas y apiate no más-. Una alegría charlatana me había soltado de golpe la lengua, acollarada desde la partida de mi padrino. Y le tiré un fuerte apretón con las dos manos."
"-Güenas, don Fabio- me respondió tímidamente, sacándose el chambergo con un manotón apresurado."
"- Pero...¡Ah, no! ¡Otra veh' ansí no!- le grité fiero. Y su semblante palideció. Buscando distancia, afirmóse en riendas y estribos para recular. Los labios le temblaban y no atinaba a decir palabra. Entonces le aclaré, fastidiado pero con voz tranquila:
"- No, hermano, formal, ansí no. Golvés a tutiarme, que soy el de siempre, o te vas pegando la vuelta ya mismito."
"-¡Lindo!- gritó, echando afuera toda la risa. Y con el cabestro en la mano, se le descogó por la paleta al alazán malacara."
"Nos confundimos en un abrazo."
" Orejuela y Comadreja se habían entreverado con mi tropilla, y Garúa ronroneaba de felicidad, relinchándoles bajito."
"-Ya veo, cuñao, que loh' as cuidao como Dios manda- dije vichándolos sin poder esconder la satisfacción."
"- Ansina eh' ermano, y al bayo a gatas le ha quedao un grueso costurón en el anca, pero sigue guapo y enterito como siempre. Loh' ubieras visto ande principiaron a conocer la querencia... No había modo de asujetarleh' las ganas..."
"Lo acompañé a desensillar y dejamos ahí no más a las tropillas, que parecían entenderse. Era casi noche cerrada cuando entamos al rancho. Encendí fuego y el cimarrón iba y venía, mientras nos anoticiabamos mutuamente."
"- Por un casual m' encontré días pasaos con Don Segundo, que andaba oficiando' e capataz de tropa y había resuelto hacer noche en los campos ande me hayaba changando- comentó Patrocinio-. Al oír nombrar a mi padrino, un estremecimiento me corrió por el espinazo-. Ansí jué que leh' carnié un capón y churrasquiamos juntos. Dispueh' que se depachara con una relación d' esas como él sabe hacer, me convidó' arrimarme hast' acá- y haciendo relinchar fuerte al mate se interrumpió, para luego seguir:
"- Me alvirtió que usté andaba necesitando un mensual pa trabajar en su campo...
¡Caray! ¿No veh' ermano que la lengua porfía en la costumbre? Si hasta me anda pareciendo que soh' como dos personah' al mesmo tiempo, ¡la pucha!- y largó una sonora carcajada, acompañándose de un golpe de puño en la rodilla."
"-Ansinita eh' cuñao, pa qué vi' a mentirte, a mí también se me hace que llevo dos cristianos bajo el cuero: el patrón, que no me hayo, y el resero' e siempre, q' es el que hace más juerza pa salir- le contesté, mientras le cambiaba la cebadura al mate. Pensaba en esa senación que me rondaba desde hacía rato. Y Patrocinio, que no era lerdo, en seguida supo filiarla."
"- También trabajo por dos, y eso no es cuento, hermano- afirmé, riendo por primera vez en la tarde-, dende que se jué Don Segundo, casi ni tiempo pa miar he tenido..."
"- Y güeno. es porque estabah' necesitao que me caí pa darte una mano; cuando Don Segundo me anotició que andabah' presisando un puestero me vine cuantito pude, porque ansí no más debía ser..."
"- Don Segundo es de pocas palabras- retruqué-, pero cuando habla, sindudamente hay q' escucharlo..."
"- Si te sirve, entonceh', aquí me tenés...- y levantaba los ojos interrogantes, mientras pasaba la lengua entre los dedos, humedeciendo el papel del cigarro."
"- Me anda pareciendo que sí, porque aquí estoy mah' solito que peludo trotiando' e día. Dende q' el padrino se me jué, te repito q' el trabajo me tiene atosigao...- y pensaba que siempre las ideas de Don Segundo eran acertadas; que el padrino actuaba con su presencia y también desde su ausencia, como un verdadero Tata."
Respiré con ganas, liberado por fín de tanta pesadumbre, tanta tisteza, sin conocer mayormente el motivo de la mudanza, y puse la carne en el fuego. Al rato cayó Raucho, que le había señalado el camino a Patrocinio, y comimos sin impaciencia, como tres buenos camaradas. Algo nuevo parecía estar ocurriendo; una sensación diferente flotaba en el aire, de suerte que a su solo impulo me sentía presa de una alegría grave, contenida."
"Le ofrecí a Patrocinio quedarse a trabajar conmigo a porcentaje, con gastos y un pequeño sueldo fijo para empezar, y aceptó de muy buena gana."
"- Arreglao; lo que voh digas, hermano, pa mí va' estar güeno."
"La noche avanzaba, y las estrellas habían cambiado el firmamento. El aura se colaba por la ventana abierta. Las brasas todavía calentaban el culo tiznado de la pava, y cimaroneábamos otra vez, ya en tranquilo silencio. Raucho habíase despedido pues emprendía un viaje de varios meses, encargándome le galopara unos redomones. Cada tanto nos mirábamos sin hablar, con la sonrisa pronta. Armamos otros cigarros y, sin mojarlos, nos convidamos mutuamente. La luz de la lámpara empezó a temblar con la brisa nocturna; las sombras flamearon sobre las paredes, tocaron el techo y cayeron al suelo como harapos. De repente y animado por un renuevo de ganas irreprimibles que me subían por el pecho, dejé caer la pregunta:
"- ¿Y Paula, tu hermana, cómo está? Ya se debe haber casao, ¿verdá?- Pitando hondo y escarbando las brasas con una ramita, esperaba la respuesta como quien no quiere la cosa. El corazón me corcoviaba en el pecho como zorro entrampado, y escupí lejos unas briznas de tabaco pegadas a mis labios."
"- Bien, la Paula está guapa como siempre, y se ha mudao al pueblo; se ha conchabao en El Progreso, un almacén de Ramos Generales. Prontito aprendió a yevarle lah' cuentas, y ha risultao como la mano derecha' e la dueña, una viuda' e la zona- comentó como al descuido Patrocinio. Chupó con ganas de la bombilla y al terminar, el barullo del mate aturdió mis oídos con viso de estampido. Luego continuó:
"- ¿Si se ha casao querís saber? No, entoavía no; deseguro no ha juntao tiempo, porque lo q' eh' gavilanes que le arrastren el ala no le han faltao- y riendo me devolvió el mate, ya lavado. Metió luego los dedos en un bolsillo de la blusa y sacó un sobre arrugado."
"- M' encargó que si te hayaba, te alcanzara ésto-, y entreabriendo la puerta, asomóse hacia la noche, respirando con golosa voluntad el aire fresco.- 'ta que s' está lindo acá, cuñao- y se retorcía descoyuntándose, cansado del viaje, por demás regular."
"Abrí el sobre con un golpe seco, y un papel celeste, suave, me habló de tiempos lejanos, casi remotos, de algo que habíase quedado quieto, dormido como pichón en el nido. Arrimé la carta a la lámpara y estiré el papel para sofrenar el temblor de los dedos. Entonces leí, una y otra vez, esas frases que con poco, lo decían todo:
"Todavía no tengo dueño que me ande mandando. Pero...ni falta que me hace. Ahora, si tiene un arreo y anda por estos pagos, no deje de visitarme. Será bien recibido. Saludos, Paula."
"Más fuerte que nunca vino a mí el deseo, y el recuerdo de su carita desfachatada y alegre como canto de jilguero, me insultó como un relámpago en la mente. Era muy probable que no esperara a tener un arreo para caerme por allá; seguramente lo haría antes. Sí, señor, en cuanto Patrocinio se hallara con el nuevo trabajo, juntaría como antaño unas pilchas y, con la tropilla por delante, me largaría otra vez al callejón. Pero ahora sería para volver, porque sentía que la suerte, como en la riña de gallos, estaba otra vez tallada en punta de mi lado. Y no la iba a deja pasar, no señor."
"Salí andando de a pedacitos hasta afuera. Hondamente respiré el aliento de los campos dormidos. Arriba, el cielo seguía despejado y mostaba sus infinitas luces, que tiritaban con renovado fulgor. Un perro ladró a lo lejos, y el cencerro de Garúa tintineó brevemente con rara cercanía. El campo entero, dilatado en honduras sin fín, recibía con silencioso goce la caída del sereno."
Texto de albertoccarles agregado el 18-02-2004. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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