LOS CUERVOS TE SOBREVOLARON
Recordaré por varias noches, el instante en que triste cerraste tus ojos y no los volviste a abrir. Ese día que los cuervos sobrevolaron la cima de la montaña donde tu cuerpo yacía inmóvil. Y no fue sólo una metáfora que la cruel naturaleza me dio para que desee que despiertes y revivas.
Veo tu cara fría y blanca, y me atropellan aquellos días en que tu sonrisa se escapaba y no lograste retenerla. Ese día que decidiste dar fin a tu vida, ese día en que ni el amor de esa criatura que en tu vientre empezaba a contar sus días pudo detenerte.
Médicos, enfermeros y yo tratamos de detener ese viaje que iniciaste -sin consultas-, también así acabando con la vida de nuestro hijo, aún por nacer.
No te lo voy a poder perdonar. Mataste tres almas: la tuya, la de él y la mía.
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