El dolor se despierta y se levanta de la cama. Se pone sus zapatitos de color rojo. Va pisando las losas de la habitación. Me da envidia su vitalidad. Rápidamente salta la gradita del baño, en la que siempre me tropiezo. Se lava los dientes. Sale perfumado. Me da un beso en la frente. Acostada, viendo las losas que reflejan el techo de la habitación, pienso en lo mal que se arregló la corbata.
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