Lo malo de vivir en la ciudad es cuando la velocidad se hace mas lenta y, poco a poco, disminuye hasta la asfixia. Si me paro, si en la tarde no voy al cine porque no hay pelicula que me apetezca ver, o si Rosita tiene el telefono desconectado, como no tengo televisión, entonces la ciudad ya no sirve para nada. Los libros, se vuelven jaulas de hormigas y cuando los abro para intentar arrancar el reloj de nuevo, se desparraman las infinitas negras sobre suelos y sofá. Busco entre los objetos de la casa como cuando era niño y me encantaba abrir cada cajón en busca de algo, un algo inconcreto. Los toco, los miro de distintos ángulos y los observo por momentos, pero ninguno responde, todo queda estático. La ciudad esta encallada entonces en un mar de trastos. Hasta las hormigas ya liberadas de la blanca jaula yacen por los suelos patas arriba. Tan solo el ruido de la caldera al encenderse y apagarse recuerda el paso del tiempo. Es por eso que odio la ciudad cuando calla. El hombre no esta hecho para ser estático, tan solo sabe deternerse para contemplar la vida de otros seres. La ciudad, la concebimos hace tiempo, nació muerta y creció muerta. |