Bariloches de papel, los
pantalones caqui, una
bola de madera; dos
chimeneas toreras.
En Bariloche quiero que me cuentes,
tarde, a las doce, lo que piensas cuando
me acaricias el muslo.
En Bariloche, en un hotel inventado, me gustaría
escuchar tu voz entre mis piernas
y arrancarte el pelo.
En Bariloche, de noche, quiero que sepas
que si nieva es por nosotros, y la oscuridad
es mi regalo. |