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La Paz


Abre despacio los ojos cuando los haces luminosos que se filtran a raudales por las rendijas de la persiana bañan su rostro de luz. No siente cansancio. Una brisa suave se cuela por la ventana entreabierta. Es el aroma del verano; huele a limpio y lo reconforta. Quiere saber quién es y dónde se halla. El recuerdo lo envuelve otra vez. Sabe que ha soñado con su muerte; pero no ha sentido dolor alguno. Fue más bien una liberación, ni siquiera una pesadilla. En su sueño era tan sólo un mero testigo de los acontecimientos. Saborea el silencio y sus ojos atraen a la luz. Se estremece remolón entre las sábanas calientes y su mirada se posa en la ventana. Presiente que algo agradable va a suceder; algo que le está esperando ahí fuera.



Se levanta lento y se dirige a la ventana para dejar entrar la claridad. Sorprendido contempla la imagen que se desliza ante sus ojos: suaves pendientes de terciopelo moteadas de flores y bosquecillos que ascienden como un manto hacia la cima plateada de una montaña que es besada por el sol de la mañana. Una multitud de chiquillos despreocupados corretea y juega por sus laderas. Mientras se viste observa atento la escena y la reconoce. Se acuerda de un sueño perdido en los rincones de su infancia en donde las imágenes eran idénticas y él era uno de esos chiquillos que corrían y reían entre los troncos de los árboles. Sonríe apenas con los labios, lo hace con su corazón.
Se contempla en el espejo. Su rostro, sus manos, todo lo que es visible se difumina; sólo sus ropas relucen en las sobras de la habitación. Viste camisa y chaqueta blanca, pantalones del mismo color y un sombrero de fieltro le cubre la cabeza. Abandona la habitación dejando la ventana abierta. Baja las escaleras ligero. Se acerca a la recepción del hotel y deposita sus llaves sobre el mostrador al mismo tiempo que saluda cordial al portero:


__¡Buenos días!


El encargado ni le responde, ignora su presencia. Bueno, tal vez no sea hoy su día y tenga demasiado trabajo piensa. Dirige sus pasos hacia la fuente de luz que emana de la calle. Los chorros luminosos del exterior salpican gotas brillantes por las paredes del vestíbulo. Una vez afuera, el resplandor le obliga a detenerse y a alzar la cabeza para deleitarse con un cielo azul cobalto, puro, como un ciego que recién ha recobrado la vista. Conforme desciende tranquilo la avenida, que desemboca en la playa, observa con detenimiento las viejas casonas, los balcones repletos de rosas y jazmines que colorean los viejos callejones.




Camina erguido pero sin rumbo por el paseo marítimo. El mar lo saluda a su paso. Sus olas henchidas de color esmeralda lo persiguen por la explanada manteniendo la distancia. Caballos de espuma revolotean por los aires para romper en una playa de granos de oro, primitiva, tierra virgen aún por descubrir. Saborea la brisa marina y escucha entretenido los cantos de las gaviotas que se confunden con los gritos alegres de los chiquillos que juegan entre la orilla y la arena. El paseo marítimo, su camino, no tiene fin; se pierde lejano bordeando golfos y cabos.



La música suave de un tenderete que suena a Bosanova atrae su atención. Busca decidido una mesa libre donde sentarse. Sigue con atención el pulsar de la vida que se desarrolla a su alrededor. Aguarda a que le sirvan, pero los camareros ajetreados no se dignan a mirarle. No le importa, disfruta la soledad. Enfrascado en sus pensamientos no advierte que un camarero lo observa desde hace varios instantes. Parece invisible, como él. A diferencia de sus colegas se mueve cansino entre las mesas y los clientes ni siquiera le dirigen la palabra. De improviso aparece delante de su mesa y con tono amable le habla:


--¿Cuándo has llegado?


--¿ Qué?... ¿ Cómo? -- Pregunta él sorprendido tropezándose con un rostro feliz.


El camarero sonríe y vuelve a preguntar más despacio:


-- Que cuándo has llegado?


No sabe que decir. Se queda mirando los ojos azules y profundos del camarero hasta que por último responde:


--Esta mañana.


-- ¿ Y cuándo te vas? --vuelve a preguntar el camarero en voz baja.


El camarero le inspira confianza y afirma resuelto:


--Creo que partiré esta noche.


El camarero vuelve a sonreír y pregunta:


--Bueno ¿ Quieres tomar algo?

-- No, tengo prisa --afirma levantándose.


--¿ Qué tienes prisa? Pero si el tiempo ya se ha olvidó de ti --sentencia el camarero tranquilo.


--Adios….Hasta la próxima --se despide él confuso.


Mientras se aleja del tenderete el camarero sin dejar de sonreír lo sigue con la mirada y la sombra de sus alas se recortan en el atardecer.



Sus pasos lo guían de vuelta al hotel. No se decide a entrar y sigue caminando por el sendero cuesta arriba. Con la oscuridad innumerables hogueras se extienden por la ladera y los chiquillos continúan jugando entre los árboles. Se sienta en una piedra al linde de un bosque rodeado por la claridad de las llamas y junto a la calma del crepúsculo.



Su mirada perdida en el vació inicia la búsqueda hasta que le ofrece respuestas concretas. Pronto regresará a su habitación y se acostará. Sólo desea sumergirse en sus sueños. Sabe muy bien que hay tantos mundos por descubrir, tantas puertas por abrir. No está desamparado. La llama de su fuego le basta; le sobra para encontrar a otros como él. Camina descendiendo entre las hogueras y saluda a los chiquillos que le sonríen a su paso.



Por fin entiende; ha comprendido que ha vencido al tiempo, a la muerte; que es pasado y futuro; que ya no se encuentra en el mundo de los vivos.




Churruka, 01.11.2005

Texto agregado el 28-02-2007, y leído por 177 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
2007-03-05 16:10:21 Una maravilla. Leeré tu novela en cuanto tenga tiempo y tranquilidad para saborearla. margarit a-zamudio
2007-03-05 11:04:34 Es un cuento que se va leyendo de a poco, degustándolo, vibrando con cada paso del protagonista. Felicitaciones. loretopaz
2007-03-03 04:28:08 El mundo de los vivos... Bien narrado. Me dejas pensando donde es eso del mundo de los vivos, aun no los encuentro. Besos. dalecaspa
2007-03-02 15:36:09 Hermoso cuento. Lleno de imágenes maravillosas.Deberías continuarlo. Dá para más. ***** zumm
2007-03-01 22:34:31 Un cuento delineado con trazos claros y límpidos que destila precisamente limpieza y pulcritud. La pulcritud de una vida eterna y sin límites tal vez? Me ha fascinado!***** josef
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