Habia soñado que rodaba por un precipicio, sintiendo durante breves minutos la inminencia de la muerte. Cuando despertó, estaba empapado en sudor y le galopaba el corazón. Se fue calmando, pero pronto le sobrevino una nueva angustia. Quizo entonces dormirse otra vez, volver a la pesadilla y culminarla, despeñarse al fin en una caída infinita hacia las simas de su imaginación, pero no pudo. Las rejas de su celda se abrieron y lo arrancaron del lecho. Sería colgado al amanecer. |