Ese día que enferme, hubo una asamblea en mi cuerpo, los jefes de todas las zonas se juntaron para ver que podían hacer. Fue, cuando llego el jefe, el gran “cerebro”. Y tomo una decisión.
Debemos llamar- dijo- a los antivirus
Y el riñón dijo
-Pero debemos avisarle a todos antes de que pase la catástrofe-
Si -termino el sistema nervioso-
Pues dile al alcalde que de una alerta –dijo el sistema nutrí zonal-
Para el día siguiente llegaron los antivirus en una vacuna. Y no había nadie en las carreteras rurales del cuerpo, mas que los virus. Y pasaron marchando hacia el centro del problema.
Empezaron a atacar a todos los virus que había.
Así al otro día amanecí muy bien. Sin ningún problema alguno
Pero lo que no sabía era que, en el día anterior, había habido una guerra en mi.
Gracias a la asamblea en mi cuerpo que me protegieron de morir.
fin
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