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Inicio / Cuenteros Locales / BenHur / FIDEL CASTRO

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(a propósito de un poema de Carila Oliver Labra presentado por Maravillas)

El primer cubano que vi en mi vida se llamaba Fidel Castro, lo vi vestido de verde oliva con un quepis, habano, negros zapatos militares, comiendo un plato de ostiones rodeado de pescadores, era vociferante mandatario de un país tropical y contrastaba notablemente con los protagonistas de aquel tiempo de flemáticos presidentes democráticos que se paseaban en carroza tirado por corceles engalanados y remolcando aún esa Alianza para el Progreso.

Era 1970. En ese entonces llegaban a mi país personajes que podrían llamarse connotados, esclarecidos o ilustres. Pasaron entre otros; Julio Cortázar, Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa, García Márquez, Juan Rulfo, Carlos Fuentes; en una unificación emotiva de los intelectos americanos a la sombra colorida de la pintura de murales callejeros. Eran los rock star de aquellos años. Esos mega eventos sin parafernalia hacían nata en las aulas universitarias y pluriculturales. Cultura. También llegaban otros sujetos como monseñor Escrivá de Balaguer.

Me llamaban la atención ese viejo barbudo que le decían Compañero Comandante porque yo, siendo un escolar de Liceo, leía a Camus, un argelino criado en un hogar obrero y que trasladado a París rápidamente incorporó la ropa de medida y los modales de la clase alta. En 1957 había recibido el premio Nobel y las crónicas registraron que el suyo, fue el smoking mejor llevado en toda la historia de la Academia Sueca. Una obra póstuma,
El Primer Hombre, cuyo manuscrito fue encontrado entre los hierros retorcidos del auto en el que perdió la vida y su sonrisa cara de galán tipo Humphrey Bogart, demostró en los años noventa, la vigencia de su estilo creativo.

Y también leía a Sartre, un miope bizco escudado detrás de unos lentes de aumento que acentuaban su mirada de búho, lo muerto con un ojo abierto. Sus opiniones tenían un valor mediático inmenso; estuvo contra la intervención norteamericana en Vietnam, contra la invasión rusa en Checoslovaquia, contra el colonialismo francés, contra las pruebas nucleares, contra las actitudes israelíes, contra el embargo en Cuba. En un gran gesto de auténtico desplante, rechazó el tesoro del Premio Nobel. Su mejor frase:
“si consideramos que el hombre es la superación constante de las contradicciones, entonces podemos llegar a ser optimistas”. Sus amores con Simone de Beauvoir eran libres, incitantes, subversivos. Vivían en casas separadas, se intercambiaban amantes. Me sorprendía esa mujer dispuesta al amor libre llamada Simone de Beauvoir con esta frase No se nace mujer, si no que se deviene en mujer (recién hoy se entiende el profundo alcance de esta frase). Aquello era el glamour intelectual. ¿Y si ese feo podía encontrar una mujer de tal talante, por qué yo no?

Pero todo eso era antes de ingresar a la universidad y de saber que mi lugar era América Latina y no el glamoroso primer mundo. Y mucho antes de entender que el poder es el mal absoluto.

Ya en la universidad sabría que la historia de explotaciones y saqueo a que había sido sometida América Latina invitaba a las epopeyas épicas para acabar con esa extensa diversión de las pusilánimes oligarquías. De alguna manera había una irrupción de las ideas en la masa expresándose en los discursos mesiánicos que las minorías universitarias gustaban escuchar. El discurso era: Revolución. Y en cierta medida sí la había. La Iglesia ya había iniciado su cambio con el Concilio Vaticano II; se acabó el latín en las misas, ya no bastaba con rezar. Se dio inicio al proceso de nacionalización de los recursos naturales, desaparecían las “Mamitas Yunait”. La Reforma Agraria intentaba aplicar; “la tierra para el que la trabaja”. Apareció la “píldora” para evitar que las mujeres pobres parieran sobre siete y diez hijos que irían a engrosar las filas de los desnutridos desposeídos y marginales de los centros urbanos para transformarse en mano de obra barata, si es que lograban sobrevivir a sus primeros años de vida. Se aplicaron campañas para reformar la educación permitiendo a grandes masas, el acceso a la educación básica y aumentando los cupos para la clase media en las universidades, tras el sueño de la “universidad para todos”. Campañas de alfabetización, Campañas de nutrición. Hoy; en que nuestro problema es la obesidad, esto parece irrisorio, pero en los liceos de esos años, se repartía leche y almuerzo a un pueblo empobrecido que esmirriadamente alcanzaba a estudiar. Apareció el concepto “autodeterminación de los pueblos” para decidir sobre su destino. Apareció el concepto “propaganda subliminal”. Se develaron los verdaderos detentadores del poder al identificarse “las transnacionales” responsables de tanta guerra fraticida entre países hermanos. La dialéctica de la historia se hacía presente en el diario devenir con insospechadas, sorpresivas, e imprevisibles verdades. Y siempre como telón de fondo estaba Fidel. Fidel ¡Duros con él! gritaban las barriadas.Yo estaba alucinado. ¿Si Fidel podía por qué no nosotros?

Sé que para los jóvenes de hoy esto parece prehistoria (albores) pero en su momento fue contemporáneo. El mundo en plena Guerra Fría, estaba cambiando con revoluciones, reformas, contubernios, contrarrevoluciones, sonadas golpistas, innovaciones o inmovilismo por aquellos refractarios al cambio. Y allí estaba Fidel, sosteniendo el anhelo de tantos, plasmando un sueño y soportando desde 1962, el Embargo Total impuesto por John F. Kennedy a instancia de quienes lo asesinarían.

Hoy estamos a 2007 y el Embargo Total persiste casi por medio siglo, pero también resiste Fidel. No sólo he conocido a cientos de cubanos, si no que he compartido con ellos sus grandezas y miserias. He sido acogido en sus hogares y compartido el sufrido pan y también sus lágrimas y frustraciones. A donde fui, las puertas estuvieron siempre abiertas. He conocido a los balseros, a los que están con y contra Fidel. Creo conocerlos en su alma y saber de qué están forjados. Tengo hacia ellos un gran amor como pueblo, son distintos a todos nosotros, honestamente solidarios con los pueblos de Latinoamérica puesto que, a pesar de lo que intentan hacernos creer, están plenamente informados de lo que pasa en la Patria Grande. Son candorosos en sus afectos pues no hacen cálculos menores al ligar una amistad, son ingenuos en sus amores, apasionados en sus odios, locuaces soñadores, inmensamente educados, sanos y a la vez pobres, sobrios, orgullosos, pero lo más sorprendente es que se ven inmensamente dignos incluso cuando van frágiles y descalzos. Hay en ellos una desnuda humanidad que aflora sin dar lugar a segundas lecturas pues allí es donde uno se encuentra con el hombre puro, tal vez lo más parecido a aquel ser que habitó el paraíso.

Para aquellos sobrados y embebidos de libremercadismo y embobados por curiosas libertades denominadas “innata capacidad de emprender sobre los otros”, les perecerá muy extraño que valore tanto las cualidades morales de un pueblo por sobre su enriquecimiento económico producido por la especulación, la usura, el lucro “al que todos tenemos derecho”, la ganancia, la pérdida, la estadística, las encuestas y toda esa artillería numerológica en la que hemos sido adoctrinados tan eficientemente y que bobaliconamente pretendemos entender como si fuera una nueva religión. Si hasta no puedo dormir porque la bolsa cayó “un medio punto porcentual respecto a igual período del mes anterior ”. ¡Pamplinas!

Para aquellos que no saben de la historia de Cuba déjenme decirles que fue el último país en América Latina en obtener su independencia de España; esto es 1902. El caso del Maine, explica la apetencia de Estados Unidos por hacerse dueño de la isla, desde siempre. España traspasó Cuba a Estados Unidos, como si ella fuera un latifundio y sin que se tuviesen en cuenta las instituciones representativas del pueblo cubano que había dado dura batalla por su independencia; iniciándose así, lo que se denominaría el neocolonialismo del siglo XX. Quien cierra este ignominioso ciclo es Fidel Castro Ruiz. Prócer de la verdadera independencia y respetado como cualquier padre de la patria de cualquier país latinoamericano. Sí señor, ni más ni menos, este auténtico tótem viviente de la historia se le respeta, se le canta y se le quiere sin claudicaciones, sin renuncias. Y disculpen mi largo soliloquio, para saludar austera y sobriamente, a ese corazón que le dio un nuevo sentido a la palabra dignidad.

Texto agregado el 06-03-2007, y leído por 187 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
2007-03-17 01:50:25 Es claro que para entender a Fidel hay que echar mano a la Historia, tanto la de la Isla como la del resto del Caribe y Latinoamérica. Honor y Gloria a Fidel, y aunque le duela al imperio...larga vida comandante. NeweN
2007-03-10 04:51:24 Es un texto de una prolijidad, de una pulcritud tan cuidadosa, que hasta da cierto pudor comentarlo. También será porque los sentimientos, la maravillosa fuerza de los símbolos, generalmente ocupan los espacios, los pequeños rincones, donde a la razón le cuesta meterse. Asumo por Cuba y su revolución un amor incondicional, y a pesar de pequeñas observaciones que le haría al texto (y que me parece innecesario explicitar) me parece escrito con gran honestidad y desde una visión inexpungable. Claro que Fidel y Cuba son la dignidad! Tuve el enorme privilegio de sentir en carne propia ese orgullo que el pueblo cubano siente por saberse bandera de dignidad de los pueblos del mundo. Y claro que Fidel es símbolo !!!, por historia, por coraje, por derecho propio, Y PORQUE EL PUEBLO CUBANO ASÍ LO QUISO Y LO QUIERE. Gran texto, BenHur !!! pabloelnegro< /a>
2007-03-09 13:07:55 El sueño... ¿como se hace para que un sueño se vuelva realidad?¿Que tropizos enfrentan los sueños?¿Quién los desvía? Un recorrido interesante, me quedo pensado en las preguntas que te formulo y sí, estoy de acuerdo en que hay que tener dignidad... hay que tener cojones, pero luego el pueblo... ¿Sobrevivirá sin el paternalismo? anemona_
2007-03-07 19:10:38 Volví... me olvidé subrayar estas palabras que son valiosas..."Y mucho antes de entender que el poder es el mal absoluto." lilianazwe
2007-03-07 19:10:12 Volví... me olvidé subrayar estas palabras que son valiosas..."Y mucho antes de entender que el poder es el mal absoluto." lilianazwe
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