Me tomé la luna llena a manera de viagra,
acaricié tus muslos como seda de vestido Armani,
mordí tus labios hasta saborear el dulce amargo Don Perignon,
introduje mi sexo como daga florentina,
cambie velocidades con la tersura de la transmisión Audi,
y descargué con la fuerza de la planta nuclear de Shernovil,
todo ello a cambio de una sóla moneda, la de agradecimiento cuando hacemos el amor.
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