La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / Herroda / El único tesoro

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:275143]

Tan grande resultaba la avaricia de José que mientras caminaba solitario por las calles de su pequeño pueblo, no percibía la pobreza que a sus coterráneos les invadía desde hace muchos años. José, proveniente de una familia adinerada había heredado la gran fortuna de su padre y después de eso abandonó a su familia a quienes no les dejó nada, hacía muchos años que no sabía de ellos pues lo único que a él le importaba era buscar la manera de hacer cada vez más grande su riqueza. Llegó solo al pueblo a disfrutar de su fortuna y a explotar todos los grandes recursos que le ofrecía dicho lugar pues era dueño de casi todas las tierras y la mayoría de habitantes del pueblo trabajaba para él.

Una gran hacienda, decenas de sirvientes y cientos de lujos hacían parte las posesiones de José que nunca se cansaba de tener más y más, por eso resultaba ser muy estricto con sus subordinados a quienes les compensaba sus grandes jornadas de trabajo con muy poco dinero. Lo único que José hacía era mandar, caminando o montando a caballo por el pueblo para comprobar que todo marchara bien, pues ante cualquier intento de robo castigaba fuertemente a sus empleados.

Eran varios los años que llevaba el pueblo al mando de José pues ni el Alcalde podía tomar decisiones sin su consentimiento. Así pasarían muchos años más hasta que una grave enfermedad marcó su destino. Para el médico del pueblo José tenía los días contados, ni siquiera todo el dinero del mundo podría salvarle la vida y ahora para el viejo avaro la idea de perder su fortuna lo enfermaba cada vez más.

Para José no había alguien que después de su muerte pudiera heredar su fortuna, de sus familiares hace muchos años no sabía nada, nunca se casó e hijos tampoco tuvo, en el pueblo no llegó a ganarse el respeto de nadie así que con amigos no contaba pues para él resultaban ser un obstáculo a sus perversas ambiciones. Fue en su lecho de muerte que José llegó a reflexionar por unos minutos, muy tarde era ya para darse cuenta que no había hecho nada en su vida y que el único tesoro de una persona en vida son sus amigos y familiares que siempre recuerdan las buenas acciones, lo material desaparece. Así murió el avaro José y llegó la prosperidad al pequeño pueblo, su grandiosa fortuna se repartió generosamente entre todos los habitantes y hoy es el día en que ya nadie lo recuerda.

Texto agregado el 09-03-2007, y leído por 10 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2007-03-09 22:01:48 es triste terminar asi eh? bueno, buena narración nube-estre llada
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]