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Memorias de un loco.

Para el Centenario…

Una botella de vino más sobre el andén y John, bueno… mi amigo al que por hoy robaré la memoria, se sentaba inquieto de existencialismo en la Calle del Embudo en la Candelaria. Ha sido una velada maravillosa de tragos, cuentos, canciones. Tanta poesía hecha aire: desde Nietzshe hasta Hemingway; desde Martí hasta Neruda, y de vuelta.

A diferencia de la mayoría de los locos que habitan en el barrio Santiago Pérez (donde John reside), que gustan del canto a altas horas de la noche, este excéntrico personaje se pasea pensando en cuentos extravagantes que nadie escuchará. El camino hacia la 1ra de mayo con 27 es largo, pero a esa hora nadie encuentra buses ya. Decide entonces hacerse de recuerdos y se lanza, con paso decidido, a la aventura nocturna.

A cada paso se encuentra con uno más de sus amigos. La tienda de doña Irma esta lejos en este momento pero no puede evitar un recuerdo: la sonrisa de Javier, el hijo de Irma “La mona”. Quien pase por la esquina, verá a Javier y, si este le ve, le invitará a una cerveza de la que no podrá huir, por rápido que sea. John lo sabe, esta tan cansado que se dice a si mismo: “Mi mismo, ni por el carajo vaya a pasar por donde ese gueooón”.

Las calles son largas, la noche también y mañana es domingo. Nada de afanes, aunque un poco borracho y con todo el peligro que nuestra querida Bogotá se carga a las 2:00am, este loco camina a paso sereno, más y más calles, y más que su casa espera el alba.

Alba… Qué recuerdos de otro loco. Andrés suele balbucear siempre alguna canción, la última vez cantaba Al alba de Luis Eduardo Aute ¿o tal vez Alba de Iván y Lucía? Bueno, a Andrés no le importaría, cantaría cualquiera y al final diría con cierta arrogancia, sin que eso afecte su humildad: “Esa canción es del álbum X, del año X, compuesta por X cuando el grupo estaba en su bla bla bla bla…”

Bla bla bla bla bla, bla bla, llueve sobre mojado…

Unos pasos más y la lluvia. Bueno, a Andrés también le gusta la lluvia, Javier preferiría estar en una discoteca bailando una buena salsa. John quiere estar en su casa, acompañado por un buen cigarrillo... Se detiene a medio camino, acaba de recordar algo.

Una vez le relato a sus amigos una increíble anécdota, algunos se rieron y la cosa se volvió casi una leyenda: Una vez mientras John fumaba un cigarro, escucho una voz que se burlaba de él. Una y otra vez miró a su alrededor sin encontrar al dueño de esa tenebrosa carcajada. Finalmente, se dio cuenta de que su cigarrillo se reía de él.

—Marica, el cigarrillo se reía de mi, le pregunte por qué, y sólo me dijo: porque usted se esta matando solo, al fumar.

Bueno, finalmente llega a su destino. Al Santiago Pérez siempre le han dicho barrio Centenario, cuando ese es otro sector ubicado como a 4 cuadras. Por ende algunos han optado por llamarles “los centellas” a sus habitantes, como gentilicio clandestino. John timbra y nadie responde, son las 9:30am, Esta pálido y tiene un frío que ni el mejor de sus sacos de lana puede aguantar. Un centella se acerca.

—Que hace viejito, tiempo sin verlo.
—Si gueooón, resto. — dice John. — Pero créame que la próxima vez que llegue tarde a mi casa procuraré recordarlo, usted es del barrio después de todo.


Texto de fefnerbermellon agregado el 11-03-2007.
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