LAVANDO EL HONOR
¿Y qué se supone que debía hacer? ¿Llevar mi cornamenta con dignidad, como me sugirió Garvas? No lo creo. No soy tan noble. ¿Irme lejos y olvidarlo todo? Más fácil decirlo que hacerlo.
Después de todo, la infeliz no me engañó con cualquiera. ¡Hubiese placido a los dioses que su amante fuera cualquier imbécil desconocido! Pero no. La muy puta decidió engañarme con mi amigo Sorín. No es como que fuéramos hermanos del alma ni compadres con el desgraciado, pero a fin de cuentas fuimos compañeros de juerga hace mucho tiempo y nunca imaginé que algo así pudiera pasar.
Jugué con la idea, no lo niego, de matarlos a ambos. Pero, seamos francos, no se me da bien eso del asesinato…
Por eso es que decidí ir y echarle una carretada de mierda encima al automóvil de ella.
¡Ah! Qué gusto sentí al llevar a cabo ese proyecto, largamente acariciado, tan minuciosamente planeado. Tuve que empezar por agenciarme de un camión pequeño para ir a comprar el estiércol, o abono orgánico, como le llaman. A mi me gusta más decirle “mierda”.
Fue mi buena amiga Tigrilla quien me facilitó el vehículo. Ella es socia de Margarita Zamudio y en su empresa, usan el camión para transportar quién sabe qué cosas. No le dije a ninguna de las dos para qué lo iba a usar, pues de haberlo sabido tal vez no me lo prestan. ¡O se les ocurre ponerse solidarias con mi mujer, y allí mismo acaba nuestra amistad!
Y mientras iba conduciendo la nave cargada con la sustancia maloliente que, curiosamente, lavaría mi honor, medité largamente acerca de mi vida y mis circunstancias, y espontáneamente acudieron a mi mente estos versos:
Tendrás lo que mereces, infame,
¡Mi amor era bueno, mi amor era puro!
Pasarán semanas,
Pasarán los meses,
Es muy probable, escucha,
Que pase uno o más años…
Y cuando en tu mente
Realices el recuento de los daños,
Verás con claridad y lucidez,
Que harán falta mil lavadas
Para eliminar por fin este perfume.
Es mi obsequio de despedida, amada,
¡Y es mi opinión de tu persona!
Pocos días después recibí los papeles que me envió el Lic. Timboque, el abogado de ella. Fue un divorcio rápido y sencillo, pues no teníamos hijos ni bienes. Por lo que sé, ella y Sorín viven felices de la vida. ¡Que les aproveche!
Eso si, la amistad con Margarita y Tigrilla se ha enfriado un poquitín, pues por más que lavé y enjaboné el condenado camión, el perfume aquel no llegó a salir del todo.
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